Locos de atar
Se me ha indigestado la comida.
He bajado a picar algo a un bar y el único periódico que había para leer es La Razón. Como ya me he leído los demás diarios de hoy, pensé que debía hojearlo al menos.
Aparte de varias tonterías que he tenido que leer en titulares, me he parado en su fabuloso suplemento Fe y Razón (título nada modesto, por cierto. Como todo el periódico, por otra parte, porque llamarse La Razón tiene tela).
Allí podía leer un artículo sobre una página web y unos doctores que dicen, al mejor estilo Polaino, que la homosexualidad se puede curar. Y que hay un método de un energúmeno yanki que se aplica y funciona. Y claro, te lees el típico testimonio de un gay que se llevaba mal con su padre (¡qué Polaino todo!) que era distante y poco afectivo y que por eso se hizo maricón. Y te dice que como gay se siente fatal, que es un mundo de mentiras, que se sentía usado y ¡vacío! pero, claro, que él no tiene nada en contra de los gays. ¡Faltaría más! ¡Bien que ha disfrutado de los tíos hasta ahora!
Lo peor de todo es que esa página web está siendo estos días muy publicitada en los medios y mucho me temo que al igual que ha sucedido con Zach (gracias Soliloco por contarnos la historia de este niño), el principal perjuicio de que haya tanto "exorcizador gay" por el mundo no lo sufrirán personajes como el que hablaba en el artículo. Al fin y al cabo es mayor de edad y si a estas alturas de su vida está tan perdido en la vida, allá él. Quienes de verdad lo sufrirán son los jóvenes que a sus 16 o 17 años dependen de sus padres y se pueden ver sometidos a una serie de terapias de escaso rigor científico que les pueden perjudicar más que hacer bien.
Es curioso que los pesados e injuriosos del Foso de la Familia sigan empeñados en hacer todo lo posible contra los gays mientras dicen que no tienen nada contra este colectivo. Cinismo, se llama.
Sólo falta que a la población gay de este país nos pase como a los habitantes de Getxo, cuyo alcalde del PNV quiere señalar de amarillo a sus ciudadanos si hablan euskera. Es decir, que un 8 por ciento de los habitantes de este municipio vizcaíno podrán lucir un símbolo en sus comercios o a nivel personal que diga bien a las claras que se vanaglorian de hablar euskera.
¿El alcalde de Getxo no ha leído nada sobre los métodos hitlerianos de señalización de los judíos y los gays? Porque eso significa que un 92 por ciento de sus vecinos serán señalados por algo tan relativo en la vida como no saber euskera.
Este alcalde o es torpe o se pasa de nacionalista porque de los 11 concejales del PNV de Getxo, sólo 4 hablan euskera.
Cada vez me planteo más exiliarme de un país en el que nos gobiernan este tipo de personajes y en el que el Foso de la Familia y la Iglesia sigue discrimando a los demás por su condición sexual.
Estos tíos están locos de atar.
"¿Qué tiene confetti?"
Nuevamente el fin de semana ha dejado numerosas secuelas en mi persona. La primera, y mejor de todas, es compartir todas las noches con gente muy diversa y variopinta que me aportan cosas, y en muchos casos me demuestran su cariño. Algo que no está mal si tenemos en cuenta mi estado de señor Rodríguez, que por cierto ayer concluyó al fin. El lujo de poder rodearse de tanta gente que te cae bien y a la que respetas y admiras por diferentes motivos es algo que me encanta.
El sábado salimos Nacho, María y un servidor a comprar el regalo de cumpleaños de Elektro. Estuvimos dudando mucho y fuimos todo el camino pensando en qué podíamos regalarle. Nuestra semana fue tan intensa que no encontramos hueco hasta casi última hora. Somos lo peor.
Con una resaca un tanto notable por la escapada del viernes como jurado del concurso de rock de Gruta 77 más sesión Klübb! con Binomio a los platos, nos plantamos en una tienda de ropa de clara tendencia gótica situada muy cerca de mi anterior casa.
Es la clásica tienda en la que siempre que he entrado, pensaba en que si tuviera una visa oro, compraría la mitad de sus artículos, porque son todos divinos pero no excesivamente caros. Al final me decanté por una camiseta preciosa aerografiada con una telaraña y unas arañitas (algo que no deja de tener su gracia para un aracnofóbico).
Estuvimos una hora de reloj hablando con el dueño de prendas, cueros, sadismos varios y clientes exhibicionistas que no dudan en probarse los corpiños y salirse a la calle para que el resto de los transeúntes disfruten de sus estilismos.
Queríamos comprar confetti y serpentinas para llevarnos al Coppelia y petardear un poco. Como era muy tarde ya y no se nos ocurría ningún sitio donde lo vendieran, nos plantamos en El Corte Inglés, que allí hay de todo. Hasta sección fiestas y jolgorio, pensaba yo.
Le preguntamos a un dependiente que con cara de "¿estarán de broma?", nos dijo con mucha educación que allí confetti no había ni de coña. Después preguntamos en atención al cliente y la chica creo que se partía de risa. A la salida, nos miramos Nacho y yo y dijimos a la vez: "Ya nos vale". Fue entonces cuando nos dimos cuenta de la absurda situación que acabábamos de protagonizar.
Avergonzados (pero preguntando antes en un chino, que no decaiga la moral) nos fuimos a casa a cambiarnos.
El cumpleaños en Coppelia fue muy divertido. Estaban casi todos. Antes pasamos por espiral pop para escuchar a Lunático, una futura estrella del pop de este país. En el Coppelia! hubo tiempo para divertirse, cotorrear, bailar... y sí, alguien había pensado en el confetti.
Igualito que él

Hay días que adoro mi profesión. La actriz Kate Hudson estuvo ayer de visita en Madrid para promocionar su nueva película, La llave del mal. Un thriller de terror psicológico bastante aceptable y entretenido cuyo principal reclamo es la rubia y esbelta actriz y que su guión ha corrido a cargo del mismo autor de ese bodrio hipervalorado titulado The Ring.
A Kate Hudson se la ha podido ver en la intelectual Cómo perder a un chico en díez días y en películas como Casi famosos, que le valió a los 24 años de edad su primera nominación a los Óscar. Es hija de la genial Goldie Hawn.
Tenía concertada una entrevista con ella. Como me suele pasar últimamente, llegué deprisa y corriendo por el estado de obras en el que se encuentra Madrid. La cita era en el Palacio de Gaviria. En este tipo de casos, las entrevistas las hacemos un grupo de periodistas, porque si fueran individuales, no daría a basto.
Que el lugar escogido fuera este, me pareció ideal para la sesión de fotos teniendo en cuenta el pasado de este lugar y que la película se basa en una angosta mansión sureña que guarda demasiados secretos. No puedo con el Palacio de Gaviria. Siempre que voy, acabo perdiéndome por sus interminables pasillos y recovecos. Debo ser muy torpe. Ayer por fortuna todo estaba muy fácil y señalizado.
El momentazo llegó cuando al término de la animada entrevista, la actriz me espeta: "Por cierto, ¿eres el Eric Bana español? ¡Eres igual de guapo que él!".
Silencio en la sala. Enrojezco. Caras de estupor y asombro entre los responsables de prensa, traductora, manager y resto de periodistas. Eric Bana (adjunto foto demostrativa) es un actor muy conocido en Estados Unidos, y salió hiperguapo en Troya.
Por mi timidez natural, sólo acierto a decir: "Gracias". Más rojo aún. A lo que ella me dice: "Sí, sí, igual de guapo. Si te peinas igual que él en Troya, eres clavado". Me quedo impávido pensando: "¡Qué fuerte tía lo que me acaba de decir!" pero sin reaccionar.
Dos periodistas dicen al unísono: "Menudo piropo te ha soltado, tío.". Salí de mi estado de letargo para decirle de nuevo "Gracias", plantarla dos besos y con una sonrisa de estúpido salir de la sala lo antes posible en busca de un vaso de agua. Y en la antesala, en el cocktail posterior, todos comentando la jugada ante mi cara de estupefacción. Hasta me ofrecieron la grabación del momento piropo.
Salí del Palacio de Gaviria con el ego por las nubes y midiendo tres o cuatro centímetros más de lo estirado que iba. El efecto me duró poco, al rato ya había vuelto a la cruda realidad.
Aún así, chica, que una actriz de Hollywood te compare con semejante tiazo, no tiene precio.
Noches como ésta
Repasando el Metrópoli de hoy, me he dado cuenta de que últimamente salgo demasiado. En su sección "chupitos" (original nombre para promocionar fiestones donde los whiskys me los tomo dobles), promocionan tres fiestas para este fin de semana. Y por segunda semana consecutiva, hago pleno. Y en uno de ellos, además como jurado del concurso. ¿Si presento un vale justificante al Metrópoli de que acudo religiosamente a todas las fiestas de chupitos me regalarán algo? No sé, una suscripción a alcohólicos anónimos o algo.
Y es que en verano trasnocho más de la cuenta. Total, como hace tanto calor, salgo por la noche para ventilarme y bajar las altas temperaturas. Anoche estuvimos celebrando el cumpleaños de Elektro en parroquia reducida. La cena en casa fue divertídisima, con María y Karin, Nacho y el homenajeado, claro. Me encanta que Elektro venga a casa, porque aparte de que es un invitado extraordinario, me imagino la cara de mis vecinos flipando con sus modelazos cada vez que llama a mi puerta.
Las conversaciones fueron divertídisimas y, como no, acabaron con nuestros huesos en una terracita de verano que está situada en el Parque de Atenas, que es una zona total para poner una terraza pija de verano. Quienes no lo sepáis, en el Parque Atenas hay mucho cruising. Y cuando vas, te ves a los típicos del cruising (un poco más alejados del bullico) con las pijas de Serrano que van hipermaquilladas luciendo palmito, gente heterogay, dos bakalas que no paran de ir al baño y están hiperbuenos, unos cuantos hippies haciendo botellón al lado de la terraza y una camarera loca que se piensa centro de la atención de todos.
Anoche cuando llegamos la Policía, avisados por los vecinos al parecer, ya les había cortado la música. Que me pregunto yo (que vivo muy cerca de allí): ¿Qué vecinos hay en un parque? ¿Quitan la música y la gente puede estar hablando? El año pasado a mitad de temporada el Ayuntamiento cerró esta terraza por el ruido. Me parece que siguen empeñados. Al lado de la terraza está el Paseo de la Virgen del Puerto, donde el alcalde esta semana nos ha talado unos preciosos árboles de más setenta años. Los ha mutilado por que sí, no le dana tiempo a plantear otras soluciones. Entonces me pregunto, ¿qué es más molesto? ¿Qué te talen los árboles y por las noches haya obras en las calles o un poco de música de fondo en una terraza en medio de un parque?
Merengón
Ser amable con la gente puede causarte verdaderos estragos. Sobre todo si la persona a la que intentas agradar es proclive a la pesadez una vez que su estado alcohólico es deplorable. El domingo pasado acabé encerrado en el baño de Space por culpa de mi excesiva tendencia a quedar bien y ser simpático.
Acudí con mi amigo Nacho a una sesión dominical de esta célebre discoteca madrileña a la que hacía mucho que no iba. Llegamos tardecito y con pocas ganas, porque el sábado nos acostamos un poco tarde tras la divertida fiesta El Extraño Vinilo. O sea, que más bien íbamos a tomar un par de copitas y contemplar lo mucho que había cambiado el local e intentar engañarnos pensando que nosotros no.
Al poco de llegar, se abalanzó hacía mí. No recuerdo el nombre. Nos conocíamos del Klübb! de hablar en un par de ocasiones. Fresco, lozano, con novio en México y luciendo un look un poco bakala, mi persona era la víctima perfecta para este cazador de abrazos y risas fugaces. Quiero pensar que no cazaba nada más.
"Tienes que aprender a bailar merengue", me dijo tras un par de chorradas. Le miré. No podía ser. "Que sí, que sí". Cara de estupefacción. "Que no, que no, que yo no sé bailar". Tras media hora de negativas, varias idas y venidas suyas de la barra y del baño, insiste. Me agarra y por aquello de ser amable, acabo cogido cual pareja pasodoble ante las miradas del resto del personal y el descojone de Nacho (ten amigos para esto).
Una hora y media después, el elemento seguía viniendo y sólo me insistía en aprender a bailar merengue. Me agarraba y se ponía a hacer el baile que yo tenía que imitar. Fue una situación horrible. Yo le miraba y pensaba: "¿No se dará cuenta este hombre que no me interesa nada de lo que me está diciendo?". Por más veces que huía por el local, el merengón terminaba por aparecer para hacerme bailar al precio que fuera. "Tienes que mover así la cader, dejarte llevar por las piernas y dejar los brazos quietos".
Acabé aprendiendo un par de pasos. Muy fuerte mi capacidad de aguante. La amabilidad, ya se sabe. Como el caballero no terminaba de soltarme y veía que a Nacho se le iba a desencajar la mandíbula de tanto reírse, solté una preciosa y salvadora frase: "¡Tengo que ir al baño!". Salí corriendo y a lo lejos escuché: "No te creas que te vas a escapar". Llegué desesperado a los baños de Space y encontré la puerta de uno de sus privados abierta. Fue como si todas las puertas del cielo se me abrieran y San Pedro en persona bajara a visitarme para abrírmelas.
Me encerré. No sé cuánto tiempo estuve allí esuchando a los que al lado daban rienda suelta a su pasión sexual y los que estaban de cahondeo mientras le daban a otros quehaceres. Y aburrido me puse a enviar mensajitos por el móvil pensando en lo absurdo de la situación. De repente, la música paró. "Mira que bien, ya se ha acabado Space. Ahora digo que estoy muy cansadito y que me marcho a casa corriendo para huir". Salgo del baño, y regresa la música. Falsa alarma.
Así que decidí que ya estaba bien de tanta amabilidad. Agarré a Nacho y salimos literalmente corriendo del local para que no nos viera.
A partir de ahora pienso convertirme en un borde de cojones. Eso, o alcoholizarme lo suficiente para tener el valor de bailar un merengue en pleno Space.
Enganchado a las series
Hubo un tiempo en el que las series de televisión llegaron a tener en nuestro país audiencias que ya quisieran para sí otros programas. Era la época de
M.A.S.H., Canción Triste de Hill Street, El Equipo A, Los Ángeles de Charlie, MacGyver, Luz de Luna, Las chicas de oro.
Series cojonudas con las que desde pequeño aprendí a reirme de los desvarios de cuatro solteronas, me pegué a la silla ante la crueldad de un barrio de una ciudad que sólo conocía por la televisión o intenté imitar los trucos infinitos de un manitas mientras admiraba la belleza de
Farraw Facet.
En los noventa, las recién creadas cadenas nacionales pensaron que copiando los mismos formatos adaptados a la realidad castiza e hispánica, revalidarían el éxito de ese amigo americano que tanto odiamos en nuestro sociedad pero al que estamos dispuestos a imitar en hábitos y costumbres en cuanto tenemos la mínima oportunidad.
Y aunque la ficción hispánica ha tenido clamorosos éxitos de audiencia, no es menos cierto que sería una cerdada equiparar por ello a estupideces como
Ana y los 7 o la moralina barata de
Farmacia de guardia con personajes en la retina y la memoria de todos como la inquietante y cadavérica Laura Palmer de la soberbia
Twin Peaks.
Los aficionados a la ficción televisiva estamos viviendo una época dorada gracias a varias series que te devuelven el placer de sentarte ante la pequeña pantalla. Lo bueno de las series es que, al revés que el cine, al día siguiente las puedes comentar con tus amigos porque todos participáis en el rito común de no hacer más plan esa noche que vibrar con un personaje tan magnífico como Jack Bauer o reirte de la frivolidad, descaro y delirio de las chicas de
Sexo en Nueva York.
Ahora mismo hay varias series de las que evito perderme un episodio. Estoy enganchado a:
-
24, estoy disfrutando de la segunda y tercera temporada en Fox. Bauer es uno de los mayores héroes de la ficción televisiva. Su irreparable amargor ante la vida y su estilo autodestructivo de conducir su vida parece sacado del mejor cine negro de los años 40. Veo Tener y no tener y 24, y veo el mismo clima de traiciones y conspiraciones al que se ve abocado el ser humano por definición.
-De
Mujeres desesperadas hablé en su estreno en marzo. A cada episodio que pasa, y ya estoy cerca del final de la primera temporada, me río más y me identifico con todas sus protagonistas. Sus guiones son hilarantes y la capacidad para pasar del drama a la comedia o dejar frases que quedarán grabadas para siempre en mi mente como "Siempre pensamos que nuestros hijos son perfectos hasta que un día dejan de serlo" en un barrio en el que todo el mundo oculta su personalidad.
-
CSI: Hasta su trilliza de Nueva York es buena. El episodio de NY de la semana pasada fue increíble. Grissom es otro nombre de leyenda ya en la ficción televisiva. Su parsimonia, cálculo, meticulosidad y capacidad para mantener conversaciones de tanta talla como la que tiene con el ama sadomasoquista en dos episodios es digno de elogio.
-
Arrested Development: Sencillamente una comedia tan buena como original en su planteamiento. Esa familia sometida a un encierro y verdadero gran hermano judicial no merece más que un aplauso por hacerlo pasar tan bien. Lo único malo el horario criminal que le ha puesto Fox (sábados y domingos a las ¡16,40! y sin repeticiones).
-
Perdidos: Magistral, angustiosa, cabrona serie de un avión que se estrella y deja a 48 pasajeros en una isla con muchas sorpresas. Lo único malo es que la trama no la podrán hinchar mucho tiempo.
-A dos metros bajo tierra: Humor negro como nunca se había hecho. Plantear una comedia en una familia que tiene una funeraria es tan arriesgado como diabólico pero en esta serie el genio sobresale. Los personajes son tan cabrones como la propia muerte.
-Y sí,
Sexo en Nueva York. Nada más que añadir a mi admiración por esta serie. Ahora estoy con la cuarta temporada en Cosmo y viendo la sexta en Canal +.
Comparado con esto, el humor zafio y chabacano de bodrios como Aída o Los Serrano o la ficción acartonada, falsa, sobreactuada, mal contada de Al filo de la ley, Lobos o Motivos personales parece más un chiste malo de Chiquito de la Calzada.
Ni Ana Obregón es Sarah Jessica Parker ni falta nos hace que la petarda de corazones venga ahora a proponer imitaciones de Sexo en Nueva York. Que se quede en La Moraleja y no salga más.
Tras la tormenta
A veces es bueno que pase algo horrible para darte cuenta de lo afortunados que somos en la vida y la cantidad de personas que están a tu alrededor y -aunque a veces no te des cuenta de ello- te quieren de verdad.
Este fin de semana he salido mucho para olvidar, para que el techo de la realidad no se precipitara sobre mi corazón y lo hiciera trizas. Para colmo, mi novio ha padecido el huracán Emily en su estancia en México y el pobre estaba asustado. Menos mal que al final en donde él estaba, el huracán ha sido benevolente y no ha causado muchos destrozos.
Gracias
Es imposible acostumbrarse al dolor. Lo preveí, sabía que al final sucedería, pero el final me sorprendió. Llegó sin avisar. Aferrarse a la esperanza era la única tabla de salvación que quedaba. Ayer se rompió y el corazón naufragó en la tempestad. El viento nos alejó, te vi marchando por el horizonte. Nunca podré abrazarte, repetirte todo aquello que ya sabías. Te echaré de menos.
Gracias.
Hasta siempre.
Muerte de un gay
Algunos integrantes del Foso de la Familia deberían protagonizar un reality cómico en la televisión más conservadora que haya, que a estas alturas empiezo a pensar que es Telemadrid. Sus declaraciones en los últimos días son esperpénticas. Tanto que si Valle Inclán les hubiera conocido, se hubiera escrito del tirón cuatro o cinco obras teatrales tan geniales como las incluidas en su satírico Martes de Carnaval.
Y es que sólo a chufa, risa, descojone, chiste, ridiculez, esperpento con toda su carga de tragedia, nos podemos tomar todo lo que se dice estos días contra los gays. De "chulos, apóstatas y prepotentes" nos tachan aquellos que se niegan a que en España miles de personas, de seres humanos como ellos, con sentimientos hondos de amor, justicia y valores humanos alcancen la igualdad. Y lo peor de todo es que la cuestión se resume en un simple término: matrimonio. O sea que si se le llama de otra forma, no montamos el cirio. Joder por joder, o sea.
Mientras aquellos que denominan El Grande a un Papa que toleró la muerte de 6.000 personas al día en África mientras vivía rodeado de lujos, aquellos que dicen que estudiaron neurocirugía y "allí nos hablaban de que los animales tenían lesionados unas glándulas que se llama las amígdalas empiezan a presentar comportamientos tales como los que hacen los homosexuales: copular por el ano", aquellos homófobos que afirman sin pudor tener muchos amigos gays en contra de Zapatero, aquellos que piden la reprobación del alcalde de Vitoria (del PP) y llaman Gay-ardón al alcalde de Madrid porque están dispuestos a casar a homosexuales, aquellos, digo, que manipulan las cifras a su antojo, no condenan, sin embargo, la muerte de Octavio Acuña en México.
Octavio Acuña ha muerto por defender los derechos de la comunidad homosexual en Querétaro (México). Él ha sido la última víctima de la homofobia, del miedo a la diferencia. Pero a los que proclaman el valor de la familia, no les causará dolor lo que deberá estar sintiendo la familia de Octavio Acuña.
Esos mismos personajillos de la España oscura (sí, Antonio Burgos, las Dos Españas, efectivamente una cavernícola por mucho que te fastidie: la dominada por la Iglesia, la única institución medieval que aún queda), digo, esos mismos personajillos que estos días se hinchan a salir en la televisión con declaraciones como "la familia es la familia", "Que Zerolo se vaya a dar por culo a su casa", "No son gays, son maricones", esos mismos deberían ser los primeros en condenar la muerte de un ser humano por algo tan irrelevante para la sociedad como su condición sexual.
No lo harán, pero aquí estará el "lobby" rosa que tanto denuncian para hacerlo. Porque han pasado ya afortunadamente los tiempos en los que los gays eran encarcelados y sometidos a electroshocks (¡oh, los tiempos que añora Polaino!). Y es que ya se sabe, los gays no molestamos a la sociedad siempre y cuando estemos bien ocultos y no proclamemos nuestros derechos así, a la ligera.
Si para el Foso de la Familia yo soy un ciudadano de segunda, pido que se apruebe una Ley por la que mi contribución al Estado sea de segunda. Así, ya que me reducen derechos, que me quiten deberes, empezando por los impuestos, claro, que es el deber que más jode al fin y al cabo. Así con lo que me ahorre, viajaré a otros países donde la Iglesia no desee tener el poder absoluto, como antaño.
Poder para imponer que es lo que hay que hacer y qué no, como en ese pueblecito de la sierra madrileña en el que el cura expulsó de por vida de su parroquia a todos aquellos feligreses que se negaron a ir a la manifestación anti-derechos en uno de los 600 autobuses fletados con bocata y refresco incluido, claro. Así yo también monto manifestaciones. Y así yo también me hincho la boca de hablar de Democracia.
Crónica de una semana intensa
Por fin es viernes. Necesito un largo descanso para una semana especialmente intensa. Las celebraciones del Orgullo Gay se prolongaron durante varios días en los que se hacía difícil combinar el trabajo, la jarana y las pocas horas de sueño.
La manifestación fue histórica. Desde la carroza en la que subí este año, el panorama hacía indicar ya desde las seis de la tarde que, efectivamente, funcionó el llamamiento realizado a la ciudadanía en general para que convirtiera esta manifestación en ese referéndum que los del Foso de la Familia han estos días pidiendo por el tema de los matrimonios gays.
Es una lástima que monseñor Blázquez se haya pasado las últimas semanas bramando contra la igualdad de derechos para los homosexuales y contra su no discriminación mientras que unos días después no dudaba en sentarse a la mesa con criminales y terroristas con delitos de sangre pendientes de pagar. Al parecer, el obispo de Bilbao adolece de mayor caridad cristiana con los criminales que con los gays. ¡Qué se le va a hacer!
Y en estas estamos cuando el Foso de la Familia anuncia una demanda por injurias por algunas pancartas de la manifestación. Si bien es verdad que hubo algún exceso verbal y alguna que otra salida de tono, no es menos cierto que en muchos de esos foros frecuentados por los 'familistas' se insulta y discrimina sin ningún pudor y sin que nadie haga nada por evitarlo. ¿No debería plantearse el colectivo una querella criminal conjunta para denunciar estos hechos?
La semana ha sido especialmente intensa. Cenas y amigos se entrelazaron todos los días. Y el miércoles me tocó ser jurado del concurso de rock de la sala Gruta 77, un espacio de música en vivo situado en Oporto (Carabanchel) que cada mes cuenta con una de las mejores programaciones de conciertos de Madrid. No deja de ser una experiencia esto de ser jurado de un concurso musical. Afortunadamente, Always Candy acudió a mi llamada de socorro. Fue útil su ayuda y su compañía, como siempre, agradable.
La votación fue complicada, máxime teniendo en cuenta que eran dos grupos muy diferentes entre sí. Al ser semifinales, la calidad de ambos era indiscutible. Es un poco duro tener la responsabilidad de decidir quién merece llegar a una final y quién no. Al fin y al cabo valoras de forma subjetiva en base a una actuación tras la que hay muchas horas de ensayo. Un simple fallo y todo puede irse al traste. No es cómoda esta tarea.
Hablando de música, hay un disco que últimamente no paro de escuchar, hasta en unos grandes almacenes lo pinchan. Sí, es el disco de Roberta Marrero, que, a la vanguardia del peligro, ha sabido dar forma a un disco de lo más completo, con letras tan preciosas como Mi corazón cerré, Como un navegante, Acostumbrada o Como una obsesión. El otro día de fiesta en casa me lancé a hacer la coreografía de Mi corazón cerré que alguna que otra mañana bailo mientras preparo el desayuno o me estoy arreglando. Las seis primeras canciones del disco son, sencillamente, sensacionales. Y las remezclas, todas muy buenas.
Si a eso se une que, en las distancias cortas, Roberta Marrero es una persona inteligente y divertida (¡Cuánta falta hace gente así!), pues el momento fan por mi parte es total. El otro día en el MADO 2005, ese aburrido festival que montaron en la Casa de Campo, me reí de lo lindo con ella y Elektro en los polvorientos camerinos.
Y si hay un DJ que, en temática house, está alcanzando una altura espectacular en Madrid, ese es Binomio. Hace dos años que pinchó en la inauguración de mi anterior casa. Era la primera vez que se lanzaba a hacerlo en público. El domingo, pasados los meses y demostrada su valía, pinchaba en la Goa y la gente pedía más. Jamás había visto la terraza tan llena a última hora. Los responsables de la sala le felicitaron y la gente no paró de reclamas más, pero como había que cerrar, fue imposible.
Últimamente me he dado cuenta que me rodea mucha gente interesante, con ideas claras, limpias, con instinto y ganas de hacerlo y pasarlo bien. Aunque eso acompleja un poco, la verdad, también produce orgullo por parte de esas personas a las que quieres.
Hoy se ha marchado mi novio a México. La despedida no ha sido fácil. Esta semana el adiós se ha ido prolongando un ratito cada día de la semana. Es bueno echar de menos a aquellas personas que quieres. Más que nada porque eso significa que, realmente, les quieres.
Es la hora
Ha llegado la hora de demostrar en la calle que somos más, que somos mejores, que creemos en las personas y en nada más.
Que deseamos un mundo más justo en la tierra y no en el cielo, que no queremos discriminaciones, que anhelamos la felicidad de nuestros seres queridos.
Que somos hijos de familias normales, que para nosotros la familia es la gente a la que queremos, que no hay más enfermos que aquellos que se aferran a la justicia divina para condenar a quienes piensan diferente.
Ha llegado la hora. Y este año nadie tiene excusa para no estar ahí. NADIE. Son nuestros derechos.