La familia crece
La familia Trash está de enhorabuena. Mi prima sevillana
La Apostólica Trash ha decidido pasar una temporadita en Madrid abandonando su Sevilla natal. El pasado sábado hizo su aparición triunfal en la noche madrileña con su sesión en Espiral Pop, un divertido bar de copas en pleno barrio de Malasaña que se ha convertido en poco tiempo en punto de reunión indispensable para los fieles de la segunda movida madrileña. Una manifestación contracultural que espero que acabe pronto, al menos antes de que ella acabe conmigo.
La Apostólica es tímida por naturaleza, temerosa de Dios y sus arcángeles, espiritual como una noche con Rappel. Hizo su aparición entre insultos y caras de asombro en plena glorieta de Bilbao el pasado sábado. Una plaza que tuvo que cruzar en taxi pegando un gran rodeo ante el enfervorecido clamos popular que la rodeaba. Iba acompañada de sus novicios perversos o perversos novicios, que no es lo mismo.
Llegó adicta al tacón lista para oficiar una boda entre dos mujeres maravillosas presentada por el ya legendario Zäpp y someter al público asistente a una sesión de música que comenzó chochi y acabó agitando a la masa enfervorecida al ritmo del mejor pop electrónico.Todo hits durante cuatro horas en una noche en la que mi prima sevillana no paró de dar la bienvenida a su morada a la gente que llegaba, bailar en la cabina como si hubiera sido poseída por la mismísima niña de El Exorcista, y atender las peticiones de un público igual de selecto que el local. Bits y más bits rodaron en una noche luna llena que quedará para la posteridad, al menos para las recién casadas y la propia Apostólica que en Coppelia no daba crédito a tanta marcha de la noche madrileña.
La Divina Gilda, a la que tuve ocasión de conocer muy brevemente, ha colgado hasta un vídeo de la ceremonia para aquellos que la quieran recordar para la eternidad. El enlace, aquí mismo a la derecha sus pantallas. Por petición expresa de La Apostólica, mañana habrá fotos en mi fotolog.
Y caminando hacia la luz y rezando el padre no nuestro, La Apostólica reposa en casa aguardando su próxima aparición. Muy pronto, quizá, en En Plan Travesti.
Lola
En este país de homenajes a deshoras y de recuerdo después de finado, a veces el calendario nos sorprende recordándonos, en números redondos casi siempre, la desaparición de tal o cual personalidad, que ineludiblemente marcó época, innovó en lo suyo y supuso una ruptura en el ámbito profesional o personal en el que se manifestara.
De vez en cuando causa alegría que en este país se aplauda, gracias a una de estas efemérides, a personalidades que en su día fueron aclamadas y después cayeron en desgracia por un "quíteme usted estas perrillas de mi cuenta corriente". Me refiero a Lola Flores, de quien el pasado lunes se cumplieron diez años de su muerte y que estos días es objeto de documentales, biografías y reemisión de algunas de sus películas en diferentes canales, sobre todo los de pago. Porque para recordar como es debido, también hay que pagar.
Mientras que los canales generalistas estos días siguen pegados como sanguijuelas a las vidas insulsas de unos personajillos de peluquería de barrio encerrados por voluntad propia, de entre las rayas codificadas se aparece con perversión y sensualidad el rostro radiante, hiperexpresivo y en ocasiones sobreactuado de "la Faraona".
Puede que Lola Flores haya sido la folclórica más importante del siglo XX -y de casi toda la Historia porque en el siglo XXI ya sólo nos queda Falete-. Junto con Sara Montiel, más cupletista, Lola Flores es símbolo contradictorio de una época gris en la que el único color era el que ella daba en sus películas y actuaciones.
"La Lola" es el primer icono pop de nuestro país. Mientras en los setenta, la aristocracia rancia se hacía fotos de mantilla y peineta con el marqués de Villaverde y la clase media empeñada en sufridas letras se largaba a Benidorm en el seiscientos atestado de sillas, sombrillas, niños y la insustituible abuela, Lola Flores recorría los esecenarios convertida en el maniquí perfecto de decenas de diseñadores que se peleaban porque la Faraona se ciñera una de sus creaciones.
El desparpajo, la naturalidad, el morro y la candidez de esta verdadera diva nos ha dejado inolvidables postales televisivas. Del programa "Sabor a Lolas" que todos los viernes me tragaba religiosamente en Antena 3 a la mejor de sus actuaciones, el juicio de Hacienda, en el que con un sentido común aplastante y una gracia que sólo Lola podía tener llegó a pedir a todos los españoles que le diéramos una peseta para solucionar lo suyo, de lo que no se había dado cuenta porque ella de dinero no entendía, sólo del artisteo. No se puede ser más grande.
O ese momento en el que se le cae en medio de una actuación televisiva un pendiente de oro y, tras parar de cantar y ponerse a buscarlo por el escenario, le reclama al público: "Como sois buena gente, sé que me lo devolveréis, que mi trabajito me ha costado el dinerito que vale".
Y para la memoria sentimental de un país olvidadizo, pero siempre cariñoso a posteriori con sus ídolos, quedará esa marea humana que arropó con furia desmedida a su hija Lolita y su nuevo marido, el Furiase, el día de su boda y que Lola intentaba disipar al grito de "¡Si me queréis, marcharse!".
Caída en desdicha por los inspectores de Hacienda, Lola pasó sus últimos años encerrada en su hogar sin el cariño de un público que le dió y le quitó todo.
No está mal que nos la recuerden cómo era: artista nata. Sin técnica ni conocimientos del baile profundos, pero con una raza y una fuerza que hoy se echa en falta en muchos que asaltan un escenario.
A la búsqueda
Madrid es una ciudad perfecta para encontrar la felicidad siempre y cuando las obras te lo permitan. Alguien dijo que los que aquí vivimos siempre estamos a la búsqueda de un trabajo, un piso o un amor del que disfrutar sin límites entre las sábanas. Añadiría yo un cuarto paraíso terrenal: una calle sin obras.
Desconozco si es pura insatisfacción ante la vida, pero lo cierto es que cada vez es más difícil alcanzar cada una de esas puertas que nos conducen a la felicidad absoluta en una ciudad que cada día se reinventa. En un lugar donde los automóviles de las pijas de Serrano comparten calzada con el abollado de los yonkis de Las Barranquillas que prueban suerte con sus bolsos de Louis Vuitton para costearse el pico de hoy.
Una ciudad convertida en cárcel en tierra para los que viven atemorizados por los cuchillos que se saltan de las manos a nada que alguien se descuida mientras otros discuten si Chueca es un guetto o no.
Preguntar lo impreguntable
La rueda de prensa tenía lugar en el Círculo de Bellas Artes, que es un sitio en el que lo mismo te encuentras la presentación de un automóvil de lujo que a dos guiris haciendo arrumacos, cámara en mano, en el café o a Gallardón haciéndose fotos (que en su caso no es nada novedoso) en la terraza, que por cierto van a reformar.
Ayer quien se dejó ver por la escalinata de mármol del Círculo fue el actor y reciente ganador de un Óscar, Morgan Freeman, de promoción en Madrid estos días. "Se le puede preguntar por la película y su tarea profesional, pero no de política internacional", aseguró nada más sentarse su traductora. "¿Cómo?, ¿por qué?, ¿lo ha dicho él?", respondemos los siempre inquisitoriales periodistas. "...", recibimos como respuesta a nuestro requerimiento.
Primera pregunta entre el mosqueo generalizado. "Me gustaría que nos hablara de su papel en la película y de por qué no quiere que le preguntemos de eso, si esa negativa la ha marcado él o no". La traductora no traduce la segunda cuestión. Aumenta el mosqueo.
En la segunda intervención no se hace mención pero a la tercera, ya se sabe, va la vencida: "Me gustaría que hablara de la elección del guión y que se nos aclare por qué no quiere hablar de política internacional". Ahora sí, ante el pitorreo generado en el fondo de la sala y la cara de Freeman de "me estoy perdiendo algo", la traductora -previo consentimiento del jefe de prensa- traduce todo. Respuesta: "It's not my job, I'm an actor".
Bien es sabido que a un periodista no le puedes decir de lo que debe y no debe preguntar. Basta que se lo hagas saber, para que el plumilla, siempre hiriente, hurgue con su bolígrafo en la herida a la caza del titular. Una vez más, lograron su objetivo de preguntar sin mordeduras y el actor respondió con naturalidad. Seguramente ninguno de los que fuimos a la concurrida rueda de prensa le hubiéramos preguntado por eso, pero basta que alguien nos fije de qué podemos o no hablar, para que saltemos como serpientes defendiendo nuestra comida y acabemos preguntando hasta tres veces por lo que nos han dicho que no preguntemos. Ley de redacción.
Flaco favor le ha hecho Morgan Freeman a una buena parte de nuestra profesión interpretativa. Si el oficio de un áctor que ha ganado un Óscar y ha participado en los últimos años en al menos una docena de películas memorables, es el de actuar y no hablar de política, en nuestro país hay algunos que prefieren más hablar de política que el de preocuparse por los preocupantes síntomas del cine español, este año más de capa caída que nunca.
Mientras que en USA se dedican a trabajar con más o menos acierto, aquí algunos se han convertido en altavoces ideológicos pero no para denunciar la escándalosa política de subvenciones o pedir mejoras laborales para su profesión, sino para erigirse como intelectuales infalibles de esta sociedad en la que algunos apelan a una conciencia que nunca tuvieron y piden que quienes tienen que cumplir con la Ley, no lo hagan.
Y así pasa luego, que nos tenemos que creer la bondad de un pseudocumental en el que salen todos menos quienes ponen los muertos.
Mejor harían algunos de esos actores y directores en preguntarse por qué cada vez el cine español tiene menos espectadores. A lo mejor encuentran la fórmula mágica que impida esta sangría. Pero que sea prontito, porque en lo que va de año, sólo
Tapas, merece un breve elogio. Y eso ya es mucho.
Las ruinas de la jarana
Frente a frente, el santuario es menos cautivador que visto desde la lejanía y las prisas que provoca un viaje en automóvil. La ermita se aparece al final de una montaña, con el único arropo del mar del Norte que sega y da vida a la vez.
Los abombados peldaños que llevan siglos soportando la carga de haber llegado por azar del cantero hasta allí, conducen hasta esta ermita levantada justo delante del lugar en el que horizonte se confunde con el firmamento y las estrellas parecen menos millones de años luz lejanas.
Esa roca que lleva siglos saludando al amanecer sirve de parada y fonda para el viajero que extenuado llega hasta ella. Aún recuerdo aquella tarde en la que admiré su perfil gastado sin otra compañía que la del mar. El esfuerzo que llevó a decenas de personas a construir aquella humilde ermita y a muchos salvacustodios del alma a habitarla, me impresionó ante el abandono y la ruina en que, siglos después, quién lo diría, moraba.
Aquella iglesia perdida en un lugar del norte se me antoja metáfora perfecta para las ruinas morales que hoy atenazan al único bastión medieval que aún le queda a la Humanidad. No han tenido bastante con someternos a la oscuridad y la tiniebla que sólo se disipaba ardiendo en un fuego purificador, que aún hoy, en nombre de quién sabe quién, siguen empecinados en hostigar entre sí a una sociedad que poco a poco se va despertando como el ser mitológico que abandonaba la cueva platónica.
Ahora apelan a la conciencia aquellos que nunca la tuvieron y braman contra la única Ley que sirve en este mundo, al fin y al cabo el único que hay. Antes mataban por opinar diferente. Ahora los tiempos les llevan sólo a apelar a la ética. Al paso de los siglos, sólo han aprendido a deponer las armas mientras que el resto de almas por las que tanto rezan hace tiempo que han decidido que convivir no es sinónimo de dominar.
Pero hay seres enfermizos que nunca aprenderán del daño que han causado. Al final lo lograrán. Que dentro de unos siglos se rece a otros mártires, me refiero. A los que hoy siguen sufriendo su injusticia divina.
Estos días, a los que apelan a la conciencia, les veréis por los caminos que llevan a otra ermita similar a esa del norte, devotos de la juerga y la sevillana, del buen vino y el polvo del camino. Y en esas noches de juerga sin fin bajo la excusa de una virgen de nada, les veréis apelando a la conciencia mientras toman sus buenos tragos y se someten a la dura vida del adorador de Baco. Ya ni siquiera adoran a un solo Dios, ni tampoco pasan ni un solo día sin resaca en la romería de la jarana.
Dos post
Como este puente he permanecido ausente, hoy doble post. En realidad, uno de fabricación propia y un segundo de un buen amigo. Empiezo por este segundo (que podéis leer más abajo). El camaleón que siempre huye, y de vez en cuando se deja caer por mi hogar, me ha dedicado uno de sus fabulosos pensamientos del alma. Un honor que sólo conceder a unos cuantos afortunados, por lo que este regalo de cumpleaños tiene un valor muy especial. Sólo hay que leerlo, y sobre todo disfrutarlo.
Cuatro películas recientes que he visto.
Millones, de Danny Boile. Es una lata dedicarte a la información del cine si lo que quieres es ir con tu novio al cine. Una gran parte de los estrenos ya los he visto en solitario por motivos profesionales y volver a verlos pagando me produce pereza. Sólo lo he hecho con Mar adentro. En esta situación, decidir salir al cine con tu novio se convierte en una proeza casi heróica en lo que se refiere a seleccionar una película decente que no haya visto. Afortunadamente, no tuve tiempo de ver Millones anteriormente, y ayer me planté a verla con él.
Me encantó. Es un cuento de Navidad magistralmente narrado, con un fino sentido del humor y que deja un muy buen sabor de boca. Esta película es un giro radical para su director, autor de Trainspotting o 28 días después. Su intención era hacer una película que pudieran ver sus hijos y ha conseguido un extraordinario trabajo. Visualmente es muy bella, el guión es fabuloso y con la fábula nos sentimos identificados todos. Yo de pequeño era como el protagonista, y de hecho lo sigo siendo en parte. Es una parte de mí que me complace no haber perdido en el doloroso proceso de maduración.
Heroína, que se estrena este viernes, me ha dejado más indiferente. Adriana Ozores es una de nuestras actrices más sólidas, pero en esta película falla el ritmo y los altibajos del guión, que fue reescrito unas ocho veces. La película se deja ver, es interesante como documental pero le falta enganchar al espectador. Narra la lucha de cientos de madres gallegas contra los narcotraficantes en Galicia, que en los ochenta se paseaban tan tranquilamente por aquellas tierras. El drama de la heroína visto desde el punto de vista de las madres, también heroínas en otro sentido.
Y Hormigas en la boca, pues ni fú ni fa. Es la peli de Mariano Barroso, que interpreta el siempre creíble Eduard Fernández y la siempre imposible Ariadna Gil. Es un divertimento en clave de cine negro que se puede ver, pero que no aporta nada y que llega a aburrir. De hecho, el guión tiene momentos de sopor.
Y El Reino de los Cielos, que se estrena este viernes, es una superproducción que no está muy mal. Claro que después de pestiños como Alejandro o Troya cualquier superproducción parece buena. Es una epopeya de cruzadas y debate religioso de Ridley Scott que recuerda mucho a Gladiator. ¿Por qué este tío no ha vuelto a hacer una película tan magnífica como Blade Runner? Ahora que se reivindica tanto lo que ócurrió hace 20 años, es el momento de reivindicar Blade Runner, que a comienzos de los ochenta supuso la creación de la estética de las nuevas películas de ciencia ficción. Un título injustamente tratado por la televisión, que nunca la emite.
La película está llena de efectos especiales y rodada en gran parte en España, que le da los interiores sarracenos. Se deja ver bastante bien, los actores en general están bien, salvo Orlando Bloom que con esa carita de no haber roto un plato, no le pega lo de ser un cruzado. Muy bonito el mensaje de convivencia entre religiones, aunque demasiado moderno. Es decir, que en la película esos personajes modernos que apuestan por la integración y respeto de las religiones, se me antoja que en la época eran más que imposibles. Las Cruzadas eran ejemplo de ese fanatismo religioso tan actual, y no se me antoja que el líder militar cristiano y el musulman (por mucho que Balduino IV y Saladino están tomados de la historia) se tuvieran tanto respeto mutuo en un tema tam polémico como la posesión de Jerusalén.
En todo caso, para pasar el rato es un espectáculo mágico. Muy recomendable en pantalla hipergrande y versión original.
Cuadrangular
Del sentido del sinsentido
se parecieron los dos
como si dos fueran
los mismos
tus ojos
recuerdo de un deseo
proyectándose
por fin
De la verdad
naufragamos
en
una representación
de conspiraciones
donde
amo
tu desdén
Del cuento
en el que
de un beso
me convierto
en
rosa
Del sonido
que se mantiene desde
el
Big Bang
(el que escucho en tu aliento)