lunes, julio 11, 2005

Muerte de un gay

Algunos integrantes del Foso de la Familia deberían protagonizar un reality cómico en la televisión más conservadora que haya, que a estas alturas empiezo a pensar que es Telemadrid. Sus declaraciones en los últimos días son esperpénticas. Tanto que si Valle Inclán les hubiera conocido, se hubiera escrito del tirón cuatro o cinco obras teatrales tan geniales como las incluidas en su satírico Martes de Carnaval.

Y es que sólo a chufa, risa, descojone, chiste, ridiculez, esperpento con toda su carga de tragedia, nos podemos tomar todo lo que se dice estos días contra los gays. De "chulos, apóstatas y prepotentes" nos tachan aquellos que se niegan a que en España miles de personas, de seres humanos como ellos, con sentimientos hondos de amor, justicia y valores humanos alcancen la igualdad. Y lo peor de todo es que la cuestión se resume en un simple término: matrimonio. O sea que si se le llama de otra forma, no montamos el cirio. Joder por joder, o sea.

Mientras aquellos que denominan El Grande a un Papa que toleró la muerte de 6.000 personas al día en África mientras vivía rodeado de lujos, aquellos que dicen que estudiaron neurocirugía y "allí nos hablaban de que los animales tenían lesionados unas glándulas que se llama las amígdalas empiezan a presentar comportamientos tales como los que hacen los homosexuales: copular por el ano", aquellos homófobos que afirman sin pudor tener muchos amigos gays en contra de Zapatero, aquellos que piden la reprobación del alcalde de Vitoria (del PP) y llaman Gay-ardón al alcalde de Madrid porque están dispuestos a casar a homosexuales, aquellos, digo, que manipulan las cifras a su antojo, no condenan, sin embargo, la muerte de Octavio Acuña en México.

Octavio Acuña ha muerto por defender los derechos de la comunidad homosexual en Querétaro (México). Él ha sido la última víctima de la homofobia, del miedo a la diferencia. Pero a los que proclaman el valor de la familia, no les causará dolor lo que deberá estar sintiendo la familia de Octavio Acuña.

Esos mismos personajillos de la España oscura (sí, Antonio Burgos, las Dos Españas, efectivamente una cavernícola por mucho que te fastidie: la dominada por la Iglesia, la única institución medieval que aún queda), digo, esos mismos personajillos que estos días se hinchan a salir en la televisión con declaraciones como "la familia es la familia", "Que Zerolo se vaya a dar por culo a su casa", "No son gays, son maricones", esos mismos deberían ser los primeros en condenar la muerte de un ser humano por algo tan irrelevante para la sociedad como su condición sexual.

No lo harán, pero aquí estará el "lobby" rosa que tanto denuncian para hacerlo. Porque han pasado ya afortunadamente los tiempos en los que los gays eran encarcelados y sometidos a electroshocks (¡oh, los tiempos que añora Polaino!). Y es que ya se sabe, los gays no molestamos a la sociedad siempre y cuando estemos bien ocultos y no proclamemos nuestros derechos así, a la ligera.

Si para el Foso de la Familia yo soy un ciudadano de segunda, pido que se apruebe una Ley por la que mi contribución al Estado sea de segunda. Así, ya que me reducen derechos, que me quiten deberes, empezando por los impuestos, claro, que es el deber que más jode al fin y al cabo. Así con lo que me ahorre, viajaré a otros países donde la Iglesia no desee tener el poder absoluto, como antaño.

Poder para imponer que es lo que hay que hacer y qué no, como en ese pueblecito de la sierra madrileña en el que el cura expulsó de por vida de su parroquia a todos aquellos feligreses que se negaron a ir a la manifestación anti-derechos en uno de los 600 autobuses fletados con bocata y refresco incluido, claro. Así yo también monto manifestaciones. Y así yo también me hincho la boca de hablar de Democracia.