martes, junio 21, 2005

A pasar por el arco

El actor Tom Cruise ya puede presumir de ser una de las pocas celebridades por las que los periodistas se han visto obligados a pasar un dispositivo de seguridad tan espectacular como la película que ha venido a España a promocionar: La guerra de los mundos. La prensa estaba citada a las nueve de la mañana en un céntrico cine de una Gran Vía revestida ya a esas horas con la mítica alfombra roja de las grandes ocasiones, para la posterior premiere de esta noche.

Tras recibir la acreditación y firmar un papel en el que nos comprometíamos a no publicar una crítica del film hasta su estreno (el próximo 29 de junio en todo el mundo), hubo que dejar los móviles en consigna, pasar un férreo detector de metales y recorrer una y otra vez el cine antes de presenciar la nueva película de Steven Spielberg, en la que se demuestra que no todos los extraterrestres son tan cariñosos como E.T.

Los arcos de seguridad para detectar metales no pararon de pitar a la gente. Afortunadamente, un servidor optó por dejar la mochila entera en una especie de guardarropa en el que "la organización no se hace cargo de los daños ocasionados a los objetos depositados". Pero válgame que delante mía a más de uno le hicieron pasar y pasar por el maldito arco para descubrir que lo que pitaba... ¡eran los tobillos! Ni aquellas personas que deseaban asistir al baño pudieron hacerlo porque unos cuantos gorilotes americanos no paraban de obligarte a ir a la sala y sentarte en tu sitio.

En el pase, una decena de miembros de seguridad se paseó con visores nocturnos para controlar que ninguno de los periodistas tuviera la tentación de grabar un solo fotograma. Incluso, una periodista fue obligada a abandonar el patio en lo que fue una falsa alarma que acabó con las disculpas oportunas. Cosas de la piratería, que no sólo afecta a la música.

La guerra de los mundos se basa en la novela homónima de H. G. Wells, publicada en 1898, pionera de la ciencia-ficción. Un relato readaptado después en 1938 por Orson Welles en una turbadora emisión radiofónica. En ella se fingió una invasión alienígena tan creíble que algunos ciudadanos norteamericanos se suicidaron pensando que el fin del mundo había llegado.

Tras acabar el pase, la organización trasladó a los periodistas hasta el Planetario. Había que ir en autobús exclusivo y pasar nuevos controles de seguridad. Tom Cruise se presentó ante los periodistas radiante y agotado. Madrid es la última ciudad de una larga gira promocional por medio mundo. En su transcurso, el actor anunció su inminente boda con su actual novia, la actriz Katie Holmes, sentada sonriente entre los periodistas. Habló largo y tendido de la feliz que es. Preguntado por la contradicción que supone que en ocasiones no quiera hablar de su vida privada y en otras se explaye, el actor aseguró no tener ningún problema: “Soy libre de hablar de lo que quiera y cuando quiera”. Aunque sea en plena promoción.

También tuvo mucho tiempo para hablar de lo feliz que es en la Iglesia de la Cienciología y repartir sonrisas y diestro y siniestro. Al final, en un gran momento petardo, decidí que tras estos sufrimientos no podía escaparme de allí sin un autógrafo del divo. No soy nada mitómano como ya he dicho en otras ocasiones, pero mira, en este momento me apetecía tener un autógrafo que me recordara el día en el que Hollywood sometió a la prensa a su dura disciplina.