lunes, abril 18, 2005

Ratzinger Z

Acaba de comenzar el cónclave que elegirá nuevo Papa. Estoy preocupado. Si gana Ratzinger o uno de su cuerda, creo que lo mejor será el exilio de los países católicos, porque Ratzinger Z amenaza con dejar pequeña la intolerancia del papa obitado, que tan aplaudido ha sido por personajes tan macabros como los Bush.

Estoy valorando varias vías de escape. Pero me está resultando difícil. Para un ateo escapar de la religiones es más difícil que para Ana Obregón interpretar bien.

Los países musulmanes no dejan de ser atractivos, pero me parece que su fundamentalismo y su hipocresía social está al menos igual de presente que en los países católicos. En los países árabes, los hombres andan de la mano por la calle o se besan profusamente en la mejilla para saludarse. Pero gran fiasco: No es ninguna señal de homosexualidad. El ligue, como en todas las ciudades del mundo, se hace igual que aquí, a las bravas. Y si en lugares como Egipto te pillan fornicando, en una de sus 'humanas' cárceles te pasas el resto de la vida. Ni siquiera puedo ser zurdo. En los países árabes más estrictos, lo de la mano izquierda está muy mal visto, y bastante bien sancionado.

Así que no. ¿Y los países hinduístas? Tienen decenas de dioses y en la India la religión es una forma de vida. Es una parte integral del total de las tradiciones indias. Para la mayoría de los indios, la religión permea cada aspecto de la vida, desde las tareas comunes de cada día hasta la educación y la política. Pero, ¿no soy ateo? Sólo me faltaba someterme a una cultura impregnada por decenas de dioses (menudo cacao) y tragarme en la televisión las películas de Bollywood, tan apasionantes y divertidas.

Como que no. ¿Y los budistas? En principio puede ser muy atractivo vivir en un país budista pero en ellos señalar con el dedo índice o ¡con el pie! a una persona es una falta de educación muy grave. La mayor ofensa es que en un templo los pies apunten hacia una estatua de Buda. De todos ellos sólo Japón me atrae un poquito. Pero creo que si viera, como en Lost in translation, todo ese mundo de fantasía, tecnología punta y karaokes, me pasaría como a Bill Murray: no saldría de casa.

¿Hay un hueco en el mundo para quien no desea profesar ninguna religión?