jueves, marzo 31, 2005

Una tarde con Alexandre

Siempre produce curiosidad asistir a un rodaje de cine. Observar todos y cada uno de los procesos que forman el engranaje de un mecanismo como el del cine, que debe funcionar como si de un autómata se tratara. Ayer por la tarde asistí a una de esas sesiones en las que decenas de personas se afanan por cuidar hasta el más mínimo detalle las escenas en las que después harán su aparición el/la galán de turno.

Tuve la enorme suerte personal de pasar un buen rato con uno de los actores españoles más queridos, más admirados, más increíblemente trabajador. A sus 87 años y más de 300 películas después, Manuel Alexandre sigue poniéndose en la piel de los personajes que le llegan.

Con esa serenidad que debe producir la vida bien disfrutada, Alexandre me recibió en el rodaje de su nueva película. Tildado por Francisco Umbral como “el Azorín de los actores, el maestro callado de la sencillez”, sigue refunfuñando por el elevado número de entrevistas que tiene que realizar a causa de la obligada promoción de la película, pero en las distancias cortas y sin la tensión del rodaje, se muestra risueño, divertido, ameno y por momentos tierno recordando tantos episodios de su pasado interpretativo.

El eterno secundario (término que a Alexandre no le gusta nada, prefiere la denominación de actor de reparto) ha regalado a la industria del cine español interpretaciones en títulos tan importantes como Bienvenido, Mister Marshall, Calle Mayor, Muerte de un ciclista, Plácido, El verdugo, Fortunata y Jacinta o más recientemente en Todos a la cárcel, París Tombuctú, El caballero Don Quijote o Incautos, amén de su aplaudida aparición en la serie Los ladrones van a la oficina, gracias a la cual confiesa haber podido ahorrar por primera vez en su vida.

Que Alexandre es el Paul Newman español es una comparación que no se me antoja excesiva. Más aún, la reivindico en toda su plenitud. Y que goza de una excelente forma, doy fe. Que los clásicos de nuestro cine no se vayan nunca, por favor.


Disco del día. The Go-Betweens "Oceans apart". Aparece dentro de unos días el nuevo disco de esta banda pop australiana que tanto hizo en los ochenta por la proyección internacional de la música hecha en aquel país. Es un disco que me ha producido una muy grata sensación. Suenan frescos, melancólicos, decepcionados pero suenan, y muy bien. Su primer single, Here in the city, es un poema urbano en toda regla. Es pop sin grandes artificios, desprotegido de los ornamentos y la excesiva producción tan propios en algunos artistas actuales.

The Go-Betweens tiene una prolífica carrera. Son muy recomendables dos de sus discos antiguos, Send me a Lullaby u Libertu Belle and the black diamond express, repletos de buenas letras y canciones maravillosas.

4 Comments:

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