martes, marzo 08, 2005

Estúpida modernidad

¡Qué aburridos aquellos que siempre quieren ir más allá en su incesante búsqueda de la modernidad! ¿O debería decir de la posmodernidad? O mejor, de la estupidez.

Siempre me han producido irritación aquellos que huyen de los grupos independientes cuando venden miles de copias, o de aquellos que tan pronto dicen que tal estilo, grupo, actitud, complemento, actor es lo más, y de la noche a la mañana, lo ponen todo a caer de un burro.

Y ser moderno es eso, que paren el tren, que yo me bajo.


Opiniones, opiniones...
-El hundimiento. Pues sí, es una magnífica película, aunque peca de lentitud rítmica en la parte central, cuando Hitler anuncia una y otra vez su suicidio, que al final nunca llega. El dramatismo, la locura, el horror de un régimen abocado a su destrucción antes de lo que pensaban se ejemplifica en la señora Goebbels, que asesina a sus seis hijos bajo un irrefutable argumento: "El mundo que vendrá después no será mejor al del nacionalsocialismo".
Por eso, la señora Goebbels se tira a los pies de Hitler suplicándoles que no acabe con su vida. La imagen del dictador alemán no podría ser más desfenestradora, aunque algunos piensen que aparece "demasiado humano". Hasta los peores criminales, tienen un fondo de humanidad en algún momento. Y no podía ser menos Hitler, ese asesino que ya sólo confiaba en su secretaria y su mujer poco antes de morir "traicionado por todos".
Lo peor de la película no son los diálogos a sangre fría de Hitler, sino la frase de la secretaria, a partir de la cual se construye el relato: "En aquel momento, la juventud o la ceguera evitó que me diera cuenta de las atrocidades de aquel régimen. Ahora sé que no lo volvería a hacer". Un argumento tan liviano e infantil que, aún hoy, es insuficiente para los millones de víctimas que causó el nacionalsocialismo alemán. ¿Para cuando una peli con las atrocidades de Stalin, por cierto?


Disco del día. La habitación roja. "Nuevos tiempos". Son la excusa suficiente para tirar a la basura los discos de Oasis y Blur y abrazar a estos valencianos, que en su quinto disco confirman que son una banda indispensable en nuestro país. Las letras son en general muy buenas, destacando especialmente Nunca ganaremos el mundial, Nuevos tiempos, El eje del mal o Agujeros Negros. Casi todos los temas duran más de cuatro minutos (algo raro en estos tiempos) y la sobriedad de la guitarra y la melancolía de las letras son buen reflejo de la ciudad donde se grabó, Chicago. La calidad sobra en este álbum. Pero claro, han cometido el error de situarse en el puesto 4 de las listas de ventas. Y eso para algunos, es imperdonable.