lunes, febrero 21, 2005

Per moltes raòns

Que Barcelona es una ciudad maravillosa es algo que nadie discute, aunque alguno ande en estos últimos tiempos intentando convencerse a sí mismo y a quienes le siguen de que es la única maravillosa.

Estas mini-vacaciones de febrero, clásicas ya en mi biografía, me han llevado en esta ocasión a una ciudad condal en la que hemos comido, paseado, reído y bailado de lo lindo. El Raval, y su mezcla de culturas, la rectitud y belleza del Born, la degustación de pescados y mariscos en la Barceloneta, la noche del Eixample y el día junto a la casa Batllò... el modernisme de toda la ciutat. Per moltas raòns, Barcelona es una ciudad para vivir y disfrutar.

Y para comprar en sus estupendas tiendas y restaurantes.

Sobre el resultado de ayer, poco que añadir. Conocida es mi aversión a esta constitución, en todo caso, bienvenida sea. Nos aportará más cosas buenas que malas. Seguro.