lunes, diciembre 13, 2004

Libertad, libertad

Uno de los críticos literarios más relevantes de este país, que escribe en un periódico que dice ser "independiente de la mañana" se ha despedido de sus lectores del suplemento en el que colaboraba por carta.

Según el señor Echevarría, los motivos de su marcha son la censura y la vulneración interesada de su derecho a la libertad de expresión. El motivo es la publicación de una crítica voraz contra uno de los libros que edita el megagrupo que edita a su vez este diario.

"Lo que me preocupa realmente es que este periódico pueda ejercer de un modo abierto la censura y vulnerar interesadamente el derecho a la libertad de expresión, del que tan a gala tiene ser defensor y valedor", explica en la carta publicada por el periódico en el que colaboraba.

Al parecer, el problema con el periódico apareció después de que publicara una crítica "desaprobatoria". Dice Echevarría que su reseña produjo "una fuerte conmoción" en la dirección, "que se tradujo de inmediato en un pautado despliegue de artículos, entrevistas y crónicas que, en conjunto, apuntaban tanto a paliar y neutralizar los posibles efectos de la reseña". Un fenómeno, el de la crítica voraz, que sin embargo se consintió y alabó cuando los libros defenestrados por malos pertenecían a editoriales de la competencia. Curioso.

Mientras que en el diario respetan que se marche este colaborador, el crítico habla del descaro creciente de este diario por defender los intereses de una editorial en particular y, más en general, de las empresas asociadas a su mismo grupo. ¡Ay, los falsos kamikazes de la emisora líder de audiencia!

Esta noticia a priori podría pasar ante el lector poco curioso como una simple discusión entre colaborador-empresa editora de no tratarse de una práctica cada vez más frecuente en los medios de comunicación pertenecientes a grandes grupos empresariales con tentáculos en varios sectores de la comunicación. Y habla muy a las claras de la falta de independencia a la que se enfrentan a diario cientos de comunicadores, que deben primar los intereses comerciales de determinadas empresas bien porque pertenecen al mismo grupo para el que trabajan o bien porque la susodicha empresa invierte mucho dinero en publicidad en su medio de comunicación.

No es de extrañar, entonces, que nos encontremos con páginas enteras en revistas en las que se habla extrañamente bien de determinados discos que son un fiasco, o se relaten los parabienes de tal o cual película de estreno que siempre es "una obra rotunda", "un trabajo extraordinario" o "una alta comedia".

El periodismo al fin y al cabo sigue estando en manos de unos cuantos empresarios cuya única pretensión es la búsqueda inmediata del beneficio. Por citar sólo un ejemplo, el grupo del que se ha autodespedido este crítico literario posee una televisión de pago cuya adjudicación fue más que cuestionable, otra televisión supuestamente local alegal, varias publicaciones, revistas, una plataforma monopolística de televisión de pago de satélite, el periódico de marras, otro diario deportivo y otro + económico, la emisora líder de audiencia y muchas otras radios más, entre ellas la de los 40 insoportables, editoriales de libros escolares, editoriales de libros a secas, central de medios, empresas de publicidad, varios canales de televisión y muchas más cosas que no reseño por falta de espacio e interés.

Menos mal que en mi revista eso de la manipulación informativa no pasa y en mis artículos de cine, libros o música hablo de lo que me da la gana y opino lo que quiero. ¡Y que así siga!