martes, diciembre 28, 2004

En mi casa lo hacemos así

Cuando era pequeño me daba rabia jugar con otros niños. Y no es que les tuviera tirria ni que mi homosexualidad fuera ya tan latente que determinadas prácticas como escondernos en los baños para ver las piernas de las niñas me produjeran urticaria. No es eso. Lo que realmente me jodía cuando jugaba con ellos es que cambiaban las reglas del parchís, del trivial o de lo que fuera con un argumento incuestionable: "¡Ah, es que en mi casa jugamos así!".

Y yo, sumiso hasta en esto, achantaba mi cabecita y dejaba que todo transcurriera como el azar doméstico había dictado. Y si mis fichas del parchís acababan una tras otra en casa porque en los seguros en su casa se podía comer, pues a joderse.

No sé si será por eso o por ganas de fastidiar a otros "niños" ahora que puedo, en mi vida suceden muchas cosas al revés del común de la mayoría. Así, no es raro verme un martes por la noche perdido por la noche y el sábado por costumbre preferir Salsa Rosa a una discoteca llena de gente pelín pedal buscando el polvete de los sábados. Camisa nueva y esas cosas.

Estas ganas tan travestis de ir siempre contra la corriente también me han llevado a replantearme la verdadera filosofía de una fiesta tan popular como la Nochevieja. Teniendo en cuenta que son más las noches del año que salgo que las que me quedo en casa, los precios de esa noche y que la gente suele ir a las dos de la mañana echando basura tóxica espacial por la boca allá por doquiera que pisan, la Nochevieja es la noche perfecta para no salir.

Máxime si tenemos en cuenta que no es la última sino la primera noche del año. Pero eso es otra cuestión. El caso es que desde hace hace años implanté la celebración oficial de la última noche del año cuando procede: la madrugada del 30 al 31 de diciembre. Es decir, este jueves. Y la verdad es que salvo un año que cayó en lunes (¡eso sí que era luchar contra los elementos y no lo de Felipe II!), el resto de los años (de los que me acuerdo, porque hay alguno que no mucho) lo he pasado genial. El único inconveniente: alguna resaca histórica, como la de 1999 (¡ qué mal, cari!) que casi me impide ir a trabajar como corresponsal más dicharachero en la fiesta de llegada del año 2000 que Álvarez del Manzano preparó en una Plaza Mayor muy resbaladiza por la lluvia (aún me acuerdo cuando alguien de su equipo llamó a mi ex diario para quejarse amargamente de lo mal que había hablado de la fiesta en el periódico. Di cera hasta a Marta Sánchez, que estaba patética).

Es por ello, queridos blogueros y amigos varios, que os convoco a la gran celebración de fin de año que tendrá lugar este próximo jueves en Madrid. La ruta está por definir, porque estas cosas se sabe como empiezan pero nunca cómo acaban, que lo hará a altas horas. Todo aquel que quiera reivindicar el espíritu de celebrar las cosas cuando nos da la gana, está invitadísimo. Y en Nochevieja que no me esperen, que estaré encerrado con amigos en un domicilio particular. Y sí, es que en mi casa lo hacemos así.


On the CD: "Hago lo que quiero con mi pelo" MJ y las Sacerdotisas de Baal (que aunque alguno no lo crea son pinchadísimas en Radio 3)

3 Comments:

At 10:19 p. m., Anonymous Anónimo said...

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At 10:19 p. m., Anonymous Anónimo said...

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At 10:20 p. m., Anonymous Anónimo said...

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