domingo, octubre 17, 2004

Callejero dominical

Es domingo. Hace sol. Estamos en octubre. Los domingos son días especiales, sobre todo si la noche anterior no has salido. Últimamente mi actividad social se ha reducido al mínimo. El cansancio acumulado en la semana tanto en la laboral como en lo personal me deja muy acabado. Anoche no pude escuchar a querido Binomio DJ. Me quedé dormido en el sofá hasta una hora que me niego a reproducir aquí para salvaguardar la poca honrilla que a uno le queda. Lo siento, cariño!

Lo bueno de reducir tu presencia en la agitada vida nocturna es la posibilidad que se te abre de disfrutar de la ciudad en todo su esplendor. De recorrer las calles y sorprenderte por cómo amanecen a la luz de día.

A menudo me he preguntado quiénes son los responsables de poner el nombre a las calles de esta ciudad. No me refiero tanto al concejal del área correspondiente que firma la propuesta sino a los técnicos de turno que al final proponen una serie de nombres al concejal para su posterior aprobación.

¿A quién no le seduce la idea de residir al menos por una época en la calle del Buen Suceso, en Vistalegre, Puerta Bonita o Buenavista? ¿O dejarse caer de vez en cuando por el paseo de los Melancólicos o de las Delicias? ¿O pasear por las calles de la Primavera, Destino o de la Estrella? A veces también conviene recorrer un poco el camino de la Suerte, a ver si así no olvidamos lo maravilloso que es estar aquí.

Una temporadita en la calle de la Esperanza, de la Fe o en la de la Alegría, que más bien parece sacada de una canción de Sabina, seguro que redimen nuestras almas de muchas de esas vicisitudes de la vida diaria que nos vemos obligados a afrontar.

Hay calles que dependiendo de las circunstancias personales de cada uno son más o menos recomendables. Así, tenemos la céntrica calle del Desengaño, de los Dolores, la calle de la Amargura o las "lavapiesanas" calles de la Encomienda, la Espada, el Calvario o de la Cabeza. Aunque hay para todos los gustos: la calle del Amparo y la Costanilla de los Desamparados.

En esto de nombrar vías públicas, como en otras tantas cosas, la religión tiene una fuerte presencia. El santoral se convirtió en fuente inagotable de nombres para las calles. Sólo hay que darse una vuelta por el centro de la ciudad. De hecho vivo en una en la que se homenajea a uno de esos mártires que sufrieron condena en la tierra para vivir eternamente. Las calles preferidas por este incrédulo son Amor de Dios, Madre de Dios y Válgame Dios. ¡Cuántas veces pasando por ellas no he soltado alguna de esas manidas expresiones y me he encomendado a la Virgen de los Peligros!

Hay travesías, pasajes, cuestas, caminos o alamedas para todos los gustos y colores. Lugares comunes como la calle Luces de Bohemia por los que transitar habitualmente para desembocar como buen Caballero de Gracia en la del Vino y brindar por qué se yo, aunque siempre hay un motivo.

Nada mejor que optar por cualquiera de la Cuatro Caminos posibles y recorrer decenas de países de todo el mundo sin salir de tu ciudad. O pensar en la próxima visita a realizar a las múltiples comunidades autónomas y pueblos de nuestra geografía que también encuentran acomodo en la villa. Así de paso olvidamos tantas batallas innecesarias que nos salen al paso en cada recodo.

Algunas de las calles a lo largo del tiempo fueron pasando a mejor vida. La construcción de la Gran Vía supuso la muerte de muchas otras calzadas de las que hoy no queda más recuerdo que algún triste plano de comienzos de siglo.

Dijo en una ocasión Federico García Lorca que nunca le gustaría que su nombre le fuera concedido a una calle o edificio público: "Sólo de pensar en que un día pueda salir publicado en un periódico que el crimen o la violación fue cometida en la calle de Federico García Lorca, me produce escalofríos".

En esto, como en tantas otras cosas, no se le hizo al final ningún caso. Y hoy en Vallecas no tiene una calle sino toda una avenida a su nombre además de institutos, colegios y centros culturales que repiten su memoria. Amén de lo que sucede en otros lugares.

En el siglo XIX se puso muy de moda lo de rendir homenaje a según qué figuras con calles que repitieran su nombre y apellidos para la posteridad, aunque hoy en día la mayor parte ya no sienta ni siquiera la inquietud de intentar descifrar la obra y milagros de quien se esconde tras un pequeño dibujo y un nombre en la placa que cuelga de la esquina de un edificio.

¿Acaso alguien piensa al pasear por la calle Echegaray que él fue nuestro primer premio Nobel en una muy discutida decisión que cómo se ha comprobado con el paso de los años fue errada? ¿Alguien ha leído alguna novela de este autor? Lo mismo sucede con calles como Doña Mencía, Antonio Zamora, José del Hierro, Argüelles o Raimundo Fernández Villaverde. ¡Qué decir de Doña Urraca que con tanto tesón se opuso a que su hermano Sancho de Castilla conquistara Zamora! Sí, esa que como esta buena mujer demostró no se ganó en una hora.

Nada de extrañar cuando muchos asocian ya exclusivamente el nombre de Chueca a un barrio y no al de un compositor que, seguro que con su sentido del humor, dedicaría alguna zarzuela a los matrimonios gays. Un tema, el gay, que también encuentra su acomodo en la calle del Oso y en la de la Reina.

Por fortuna no creo que esto suceda pero, por si acaso, hoy quiero dejar aquí constancia de que en el futuro, y por mucha fama y gloria que pudiera alcanzar, nunca se ponga mi nombre a calle alguna. Sólo de pensar en un minúscula travesía Iván Trash echo a correr por la calle del Olvido y no paro hasta llegar al Cerro de los Ángeles. O más allá.



3 Comments:

At 10:02 p. m., Anonymous Anónimo said...

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At 10:02 p. m., Anonymous Anónimo said...

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At 10:04 p. m., Anonymous Anónimo said...

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