jueves, septiembre 09, 2004

SIETE


Eran las cinco de la mañana y las calles estaban vacías.

Eran las cinco de la mañana y tu alma y la mía se separaban.

Eran las cinco de la mañana y todas aquellas batallitas se acababan.

Eran las cinco de la mañana y como siempre pasa, nadie se asomó a los balcones para verte pasar.

La puerta se cerró y nos dijimos adiós. Siete era, siete fueron. Otra vez siete.

Llegué pero no me atreví.

Gracias. Buen viaje, buen viaje. Ha valido la pena.