sábado, septiembre 04, 2004

Día otoñal en el hospital


En los últimos meses encender la televisión y ver un noticiero espectáculo de esos que tanto abudan en las cadenas supuestamente serias, se ha convertido en toda una desagradable hazaña. La media hora que suele durar es un rosario permanente de desgracias, muertos, asesinatos, secuestros, mujeres maltratadas y noticias que nos recuerdan que el mundo no es el mejor sitio posible.

No me gustaría tener que tomar la determinación de no volver a ver un noticiero, pero como sigan así las cosas, me informaré por prensa y sin ver algunas fotos, que el sensacionalismo también está en este campo muy presente.

Lo que sí que he dejado de escuchar es la radio por las mañanas. Antes siempre me levantaba con el informativo y discrepaba mientras oía las tertulias. Ahora paso. Cada vez se nota más la tendencia política de los medios y se critica más ferozmente a determinados personajes que no son queridos en los altos ámbitos sociales del mal llamado verdadero espíritu español.

La patética Cadena Ser con un presentador que, como conozco bien, sé cómo trabaja, dando cera al PP y blasfemando sobre el Yak-42 olvidando lo más importante, el sufrimiento de las víctimas, a las que pretenden manipular torticeramente. Ondacero: Dando cera a Amenábar por su película, que no había visto ninguno de los que hablaba, y criticando la eutanasia, lo mal que sale la Iglesia, y en virtud a no sé qué credo antropológico calificando a los que quieren morir dignamente como unos pobres pirados que han perdido el norte. ¿Y el derecho de las personas a elegir su propio camino? Y ya de paso, calificando de todo a Almódovar porque, pese a esta película, Amenábar es el mejor.

¿Y en la COPE? Día sí, día también alguien del PP es entrevistado para recordarnos lo malos que son los socialistas. Y respecto a temas morales como lo de Amenábar, pues con que recordéis quien es la dueña de la COPE, imaginaréis su postura. Vergomzoso. Hasta que este lunes no vuelva Carlos Herrera a poner orden, paso de la radio.

Ayer no fue un buen día. Tras pasarme toda la mañana realizando dos reportajes sociales en Carabanchel, hubo que ingresar a mi abuelo de 91 años casi en el hospital. Las alarmas saltaron cuando una médico con una falta de profesionalidad alarmante anunció a mi familia que estaba muy mal. Llegué al hospital en cuanto me pude escapar y el panorama se despejó. Al parecer no era para tanto y está bastante más recuperado. Otra nueva falta de profesionalidad fue la ausencia de cualquier información a la familia hasta que nos pusimos farrucos y a media tarde subió a planta el médico de urgencias a explicar qué pasaba, que no era nada de lo que en principio nos habían dicho por la mañana. Un caso. Y eso que era en la sanidad "privada".

En la planta 19 del hospital me puse a mirar el paisaje de la sierra y ver cómo llovía, mientras veía al abuelo postrado en la cama mirándome sin hablar. Triste. Yo observaba sin hablar. Pensaba en muchas cosas y a la vez en nada. Hasta que al final me cogió la mano y así estuvimos hasta que el latoso móvil comenzó a no parar de sonar.

Entre el estrés de los reportajes de la mañana (nuevo descenso a los barrios problemáticos de Madrid), que no había comido nada y el susto en el cuerpo de ver a tu abuelo ahí tendido, llegué a casa con el único deseo de que mi novio me abrazara. Y así fue. Como ibaa cenar con mi familia pero el plan evidentemente se vino abajo, me fui con mi novio a un restaurante de cocina vegetariana cercano a casa que lleva el novio de Laura.

Santi nos atendió de maravilla y de paso comentamos algunas de las últimas anécdotas veraniegas. A la vez ya nos puso al día de la inminente inauguración de su propio restaurante, que va a estar genial y será lo más de lo más de Madrid. En unos días, crónica de la inauguración.

La cena, las risas con Santi y el buen vino que tomamos fue la nota positiva para un día en el que el otoño se anuncia con todo su fulgor. Un beso para todos.