jueves, agosto 12, 2004

Rico caviar para los Rodríguez


¿Quién dijo que el fenómeno del Rodríguez era tan anacrónico como una película de José Luis López Vázquez? Lejos de ser algo pasado de moda, el Rodríguez, ese ser que se pasa el mes de agosto trabajando en la ciudad mientras su familia se divierte en la playa, demuestra tener más fuerza que nunca.

Una empresa de Granada dedicada a la fabricación de caviar, y otros productos de los llamados delicatessen, ha comentado que precisamente en julio pero sobre todo en agosto se hinchan a vender caviar y sutilezas gastronómicas similares gracias a los Rodríguez. Es decir, que no contentos con pasearse por las terrazas de moda de la city con sus mejores galas, invitar a decenas de copas a cuantas tías se quieran ligar y volver solos pero borrachos como una cuba a casa, deciden pasar la resaca del día siguiente consumiendo caviar.

Y no es que yo comente hoy este asunto porque estoy de Rodríguez (mal pensados) sino porque no me deja de sorprender hasta qué punto lamentable se puede llegar a caer cuando el calor aprieta las meninges.

Pero yo tampoco es que sea un dechado de virtudes. Anoche se vinieron a cenar a casa mi profesor de catalán, Narcís, y su novio. Y acabamos... en el LL. ¡Qué decadente! ¡Qué travestismo barato tan chabacano y de peor gusto! ¡Qué panorama de gente tan desolador! Pero como el novio de Narcís había quedado allí porque a él le encanta todo eso (!), pues ahí acabamos. La verdad es que tanto Narcís como yo nos mirábamos y poníamos unas caras de sufrimiento que ni La Piedad de Miguel Ángel. En fin, que menos mal que yo paso de todo eso.

El martes se vino León a casa también (sí, estoy de Rodríguez, y yo no le doy al caviar, pero al buen vino, no veas). Acabamos también a las tantas porque estuvimos hablando varias horas. Es un encanto este chico.

Y este fin de semana Madrid amenaza con quedarse hasta sin Rodríguez. Prácticamente todo el mundo se larga. Y yo que había previsto bajarme a Cádiz con Juan y Raquel, pues como que no, porque son muchos kilómetros y como al fin y al cabo en el chalé de la sierra tengo una piscina para mí solo, prefiero quedarme.

Me quedaré con P., que este fin de semana trabaja en el Klübb!