sábado, agosto 07, 2004

Mi vida sin ti


Acabo de regresar de la sierra. He pasado todo el sábado con la familia en el cumpleaños de mi madre, que cada vez está más guapa y esplendorosa. El calor que hacía ha producido que me haya pasado todo el día en la piscina, sin otra cosa más que hacer que pensar.

Me he levantado a las cinco de la mañana para llevar a mi novio al aeropuerto. Hoy se ha marchado a Bruselas. Pasará allí tres semanas perfeccionando el neerlandés. Esta semana he intentado estar el mayor tiempo posible con él, pero me he tenido que dividir en dos porque a Rosario le he pegado un buen tour por Madrid.

En la cada vez mayor oscuridad y soledad de esta noche, miro la casa y echo mucho de menos a mi novio. El año pasado se fue a pasar las Navidades a su país y era la primera vez que nos separábamos desde que nos conocimos. Aún recuerdo que aquellos días se me hicieron un pelín largos y pesados, sentimiento quizá incrementado por mi visceral aversión a las fiestas del mazapán y los villancicos.

Sentado ante su ordenador, mirando una foto que tenemos en el salón y sintiendo la música de Scissors Sisters de fondo, tengo entre ganas de llorar y ganas de gritar hasta que me quede sin voz. Me encantaría saber todo lo que hace, lo bien que lo pasa hoy con su amigo Nico recorriendo Bruselas, su carita de felicidad en uno de esos aviones que tanto le apasionan. En días como hoy me doy cuenta de lo enormemente enamorado que estoy, de lo feliz que soy a su lado y de que nada ni nadie podrá ahora volver a vencerme, devolverme a los abismos de los que escapé.

En días como hoy, pienso en la enorme suerte que tuve al conocerle casi de casualidad. ¡Y pensar que por culpa de mi enorme timidez casi lo hecho todo a estropear!

En días como hoy es cuando sus abrazos me son más necesarios que nunca, sus miradas -siempre tiernas- más ardorosas que nunca, y mi alma más apegada que nunca a la suya.

Mientras regresaba del aeropuerto, por la autovía, sólo, no he podido resistir la tentación de volver a llamarle al móvil antes de que emprendiera el vuelo, y recordarle lo mucho que le quiero. Al colgarle iba por la carretera intentando escuchar música y reflexionando sobre lo que ha sido mi vida estos últimos años y lo mucho que me ha cambiado desde que le he conocido, desde que está a mi lado, desde que con todo el valor del mundo les dije a mis padres lo que era, lo que sentía por esa persona y que estaba dispuesto a emprender una vida en común con él.

Siempre hay quien intenta confundirme con sus palabras huecas, sus pensamientos frívolos, con su vacío inmenso, con su infelicidad... pero de momento no lo logra, ni lo lograrán nunca ni él ni quien lo intente, porque cada día que pasa es más difícil que nadie pueda hacerme perder el rumbo de lo que verdad me importa: la persona que todos los días comparte mis sufrimientos, mis desamparos, mis alegrías -que también las hay y muchas-, que se levanta por la mañana y lo primero que hace es sonreírme, que se acuesta y no me deja de abrazar un segundo, que cuando llego a casa corre a recibirme a la puerta.

El día 27 iré a Bruselas yo también y nos volveremos juntos. Hasta entonces mi querido Johann, que también hoy ha emprendido viaje, me ha dejado a su preciosa gatita Poison para que nos cuidemos mutuamente y para que nos hagamos compañía los dos. Es la mejor gata del mundo. En el fotolog he colgado una foto suya.

Dentro de un rato me arreglaré, y veré a Rosario, a Binomio, a P., a... mogollón de gente. Compondré mi mejor sonrisa, intentaré que todo a mi alrededor no haya cambiado, pero más de una vez miraré en la discoteca para ver donde está mi novio y, esta vez, no le encontraré. Fingiré que nada pasa, alguien me dirá que si estoy bien, lo de siempre. Y sí, estaré genial, pero sin la persona a la que quiero a mi lado.

Menos mal que mi agenda laboral es tan ajetreada que no me permitirá entre semana echarle demasiado de menos. O eso espero.