viernes, agosto 20, 2004

Mar de poesía, película para la historia

Si alguna vez quisiera morir dignamente, firmaría que Amenábar me hiciera una película. Esta mañana he asistido a una proyección de Mar Adentro, el esperadísimo cuarto film del siempre sorprendente Amenábar. Y debo decir que no me ha defraudado. Me ha parecido un auténtico peliculón, quizá de lo mejor que se ha hecho en el cine español en los últimos tiempos. Lo siento, Almodóvar, pero otro año más que en los Goya te vas a quedar a verlas venir. Porque a tu mala educación lo que le sobra en el título es, precisamente, la palabra educación.

Mar Adentro reúne un conjunto coral de interpretaciones de actores que están en su mayor momento de gracia, con un Javier Bardem inconmensurable y absolutamente creíble en su papel de Ramón Sampedro. Ese tetrapléjico gallego que conmovió mi corazón -y el de muchos españoles mal que le pese a la maldita Iglesia- hace muchos años cada vez que le veía en televisión pidiendo que le dejaran marcharse de este mundo en paz. Era muy pequeño y aún recuerdo lo a favor que estuve de que cada uno decida su destino, y de que se le dejara a Sampedro abandonar un mundo que ya no le pertenecía. Al fin y al cabo, lo único novedoso de su caso es que era el primer practicante de eutanasia que se atrevía a pedirla públicamente y no se escondía, como lo han hecho muchos otros cuyos casos nunca conoceremos.

Amenábar ha hecho verdadera poesía, con momentos que quedarán para siempre plasmados en mi retina por su visualidad, su fuerza, su ritmo, su capacidad para tocar la fibra sensible del espectador. Hacía tiempo que no veía una película tan redonda, que fuera capaz de hacerme reir y llorar e identificarme plenamente con la causa de su protagonista. El guión sólo peca de algún bajón de ritmo a mitad de la película, pero por lo demás es un texto para estudiar y releer mil veces. Académico.

Hasta la inefable Belén Rueda tiene momentos magníficos en la película, que está plagada de extraordinarios actores poco conocidos para el gran público pero con un bagaje profesional que se hace palpable en la que sin duda ha sido la película más difícil de sus carreras. Porque interpretar a la familia de Ramón, a los abogados, a la amante y encima hacerlo con esa credibilidad es algo que está al alcance de muy pocos.

Enhorabuena a Amenábar, a quien entrevistaré la semana que viene, por una película que os recomiendo que no tardéis en ver una vez que se estrene el 3 de septiembre porque saldréis del cine, curiosamente, con ganas de vivir y quizá el mismo nudo en la garganta que me ha acompañado hasta no hace mucho tiempo.

Y sí, desde hace muchos años estoy a favor de morir dignamente y de que la ley contemple esa posibilidad. Al fin y al cabo me he pasado la vida reivindicando la misma libertad para mí que la que pedía Ramón Sampedro para él.