jueves, julio 22, 2004

Una crisis que nunca se acaba

La llegada de las vacaciones ha traído como consecuencia que en la redacción haya menos gente pero el mismo trabajo. Así que estamos todos como locos intentando rellenar con cosas lo suficientemente interesantes esta fantástica revista en la que trabajo. Ando estos días preparando un megareportaje con los estrenos de cine del mes de agosto. Hay para todos los gustos, desde americanadas como Yo, robot con grandísimos efectos especiales, hasta macarradas como Torapia, la anarko-comedia de Karra Elejalde. Además estoy detrás de Amenábar, cuyo película ya dicen en todos los medios especializados que es la firme ganadora de todos los Goyas habidos y por haber del año que viene ante la deserción general que ha sufrido el cine español este año.

Me hace gracia que algunos consideren que con pelas se ayuda al cine español. Que se piense que con el 5 por ciento de lo que ganan las televisiones (empresas privadas) se va a solucionar la ¿industria? del cine español. Es cierto que hace falta más ayuda económica, pero el verdadero drama del cine español (que aporta pocas películas interesantes) no estriba en el dinero. En otros países ya se ha demostrado que con poco dinero se puede hacer buen cine.

El auténtico problema está en los guiones (¿verdad Unam?). En la pobreza de las historias que se cuentan, muchas veces sin pies ni cabeza, mal escritas, peor escenografiadas... Hasta que de verdad el cine español no se plantee la necesidad de formar y ayudar a los jóvenes guionistas de este país, el cine español seguirá en esa especie de crisis que nunca se acaba, oiga.