viernes, julio 09, 2004

Tempus fugit así que carpe diem


Disfruta de estos días. De las risas a tu alrededor, de las miradas, del sol que ilumina tu cara al amanecer mientras luchas por arrancar algunos minutos al sueño, de pasear por las calles en la madrugada, de la fragilidad de unas manos que no volverás a tocar. Porque estos son tus días de vino y rosas. Estos son tus días de éxtasis. Y cuando terminen -que lo harán- sólo restará en ti el recuerdo enmudecido de tantos rostros bellos que amaste, de tantas copas que derramaste, de tanta ílusión que arrojaste.


Ayer le quitaron a mi novio la muela del juicio que tanto le andaba incordiando en los últimos tiempos. Me pasé la mañana en la sierra de Madrid haciendo de conductor-modelo de la prueba de coches. Con mi jefe, el redactor jefe de coches, otro periodista de coches y un servidor. Los cuatro por las carreteras de la sierra. A la bajada, un loco con matrícula de Badajoz protagonizó un episodio que me demuestra que para algunos el volante es la extensión de su pene. Íbamos en fila por la N-I por el carril de la izquierda. Iba el tercero. Delante mi jefe. Un coche se quiere meter entre los dos porque hay camiones delante y no quiere esperar. Le dejo pasar haciéndolo hueco para que no espere.

Los de delante se las piran, y éste andaba menos que el tren de Arganda y encima iba por el carril de la izquierda. Así que le dí las luces para que me devolviera la cortesía de dejarme pasar, que por el carril derecho no iba nadie. Un rato después decidí que ya estaba bien, que perdía a la gente por su culpa y teníamos que ir juntos para aparcar en el garaje, así que le adelanté por la derecha. El muy burro se picó, me persiguió y de repente se volvió a poner entre mi jefe y mía pero haciéndose hueco a lo bruto, lo que me obligó a pegar un frenazo si no quería comermelo. Y encima me empieza a insultar y hacerme cortes de manga. Ante tal despropósito le volví a adelantar por la derecha y me largué no sin antes devolverle los gestos tan amables que me dedicó. Increible.

Por la tarde fui a recoger a mi novio al dentista. El pobre salió con la cara hinchadita y una miradita que me enterneció mucho. De hecho, los semáforos se ponían en verde y yo seguía mirándole como si nada. Llegamos a casa y se tumbó. Nos abrazamos y así pasamos la tarde, hasta que salí un momento a comprarle los medicamentos que le hacían falta y me puse a prepararle la cena.

Le quiero mucho!!

La última: Todos aquellos que vayáis hoy al quiosco y miréis el periódico Mercado de Trabajo, veréis una foto de portada en la que sale un tipo que se parece sospechosamente a mí. Y es que uno sirve para todo: conductor-modelo de coches, firmante de contratos basura, entrevistador... En la foto salgo pelín difuminado, como mi vida en general...