domingo, julio 04, 2004

Más infinitamente gay que nunca

Un año más. Y ya van...

Mi primer orgullo gay fue hace muchos años. Fue una mini manifestación en Tirso de Molina, en la que éramos cuatro gatos. Yo era menorísimo de edad y acaba de conocer mis gustos personales. Muchas veces me acuerdo de aquel momento -no tan lejano como parece- en el que íbamos a la manifestación, que más bien era concentración, con gafas de sol, miedo a ser reconocidos o agredidos y soportando algún que otro comentario incómodo.

El barrio de Chueca no era ni por asomo lo que es. Empezando por la plaza, que era más elegante y divertida que el mamotreto de granito que hemos heredado de Álvarez del Manzano (gracias por la reforma, querida).

Muchas veces echo la vista atrás y me doy cuenta del enorme salto que hemos pegado en los últimos años. De ir casi de incógnito y con miedo, a que el orgullo de ayer fuera una completa exhibición y visibilidad. De pelear por que no nos insulten, a estar cercano el día que tan lejano nos parecía de que se apruebe la unión civil. Y es que a pesar de que llevo muchos años reclamándolo, el mal llamado "matrimonio" gay (odio ese nombre tan católico) será una realidad dentro de poco para quienes libremente lo deseen (yo es que lo del matrimonio como que no). Pero aún nos queda mucho por hacer, que nadie se relaje. En nuestra piel de toro quedan muchos lugares en los que los gays somos rechazados. No podemos refugiarnos en nuestra torre de marfil de Chueca y pensar que ya está todo logrado. Ni mucho menos.

Un año más participé en la manifestación del Orgullo Gay desde la carroza esta vez de Infinitamentegay. Íbamos todos de amarillo, tanto que parecíamos pollitos recién salidos del corral (haría el chiste fácil, pero creo que no hace falta). La carroza fue espectácular. Ahí me veías con mis gafas de sol, subido sin parar de bailar con un abánico prestado y divirtiéndome al lado de tremendos chulazos y mi novio que no me quitaba el ojo, por si acaso.

Vi y saludé durante toda la tarde a mogollón de gente que paso de citar porque sino este post me saldrá con más letra negrita que blanca y no es plan. La música fue espectácular y el ambiente muy divertido. Era la carroza en la que iba Malena Gracia y junto a ella sus ángeles chulazos (si existiera el cielo y hubiera ese personal, me hacía más creyente que San Agustín)

Un año más mi punto favorito fue la plaza de Cibeles. Me encanta cuando paso por allí mirar hacia delante y hacia detrás y ver como la marea de gente abarca todo lo que puedo ver. Tanta gente ahí divirtiéndose y reivindicando lo que es justo es emocionante. Cada año veo más heterosexuales, lo cual es muy gratificante la verdad.

Debo reconocer que me gustaba más acabar en la Puerta del Sol que en Callao, que es una plaza muy estrecha. La cantidad de gente que cabía en Sol no se puede comparar a la que ayer entró en Callao. Gracias al Ayuntamiento o quien corresponda por este cambio de recorrido y por no habernos dejado terminar en la Plaza de España, que hubier sido lo suyo por espacio y gentío. Demasiado orgullo para ellos, siempre tan reacios que a una ciudad tan rancia disfrute de un momento sublime de postmodernidad como es ver a la gente disfrutando con libertad de sus sentimientos.

Porque yo estoy superafavor de que la gente se muestre como quiera. No soy de los críticos que dicen que esta manifestación es un circo y hablan de la mala imagen que da el colectivo. A los gays no se nos valora porque a la manifestación vayan x personas travestidas o disfrazadas de lo que sea. Es más, lo que estamos reivindicando es que somos diferentes, y si pedimos libertad ¿por qué no podemos dejar que aquellos que lo deseen hagan uso de ella para mostrarse tal y como quieran ser?

Al final del recorrido fuimos para mi casa y se vino mi tío que como ya es costumbre nos acompaña todos los años y jalea desde la acera. Este año la enorme cantidad de gente nos impidió vernos, así que luego estuvimos en casa cenando y comentando las mejores jugadas. Una rápida restauración y vinieron Patricia y amigas a casa a continuar la postparty.

De ahí al Infinitamentegay. Recogida de acreditación y pa dentro. Allí me encontré con la gente de siempre en diferente escenario. Por muy grande que sea Madrid, al final estamos los rostros habituales aunque de vez en cuando cambie la decoración de fondo. Obvio las negritas. La organización del Infinitamentegay fue divina, un lujo y un placer. Los periodistas teníamos una zona reservada que nos vino genial para charlar y descansar. Debo dar la enhorabuena a la gente de FSM por su excelente organización y trato a todo el mundo, que se notaba en el ambiente relajado y distendido de la fiesta. Y aunque alguno por ahí piense que este trato preferencial es para que después digamos este tipo de piropos en la prensa, debo decir que efectivamente, que no somos objetivos y cuanto mejor se nos trata, mejor hablamos de la fiesta.

Entre risas, bromas y situaciones surrealistas llegaron las siete de la mañana, hora en la que mis pies mutaron en callo y decidí que ya estaba bien. Salimos Juan y yo a buscar un taxi en medio de Carabanchel y el panorama era desolador. Todo lleno de chulazos en busca de taxi por las calles y la gente del barrio despertando sin dar crédito a aquello. Media hora después conseguimos uno y directito a casa.

Esta noche final de fiesta en el plan travesti, para variar. Pero estaré un rato porque mañana estoy sólo para cerrar una edición. Las vacaciones veraniegas y un grave percance familiar de una compañera, me obligan a chuparme más solo que la una el cierre de mañana y el del martes. Habrá que estar mínimamente despejado, digo yo.

Si vais al plan travesti, allí nos veremos.