sábado, junio 19, 2004

...¿Y para cuando tu boda?

El viernes fui un día de muchas emociones. Salí a toda prisa del trabajo para marchar hasta el chalé en la sierra para cambiarme rápido de ropa para la boda de mi hermano. En el camino risas con gente que me llamaba y se emocionaba más que yo y comentarios por teléfono con mi novio.

Llegué y tras felicitar de nuevo a mi hermano piqué algo para comer y me zambullí en la piscina para refrescarme del calor insoportable que hizo ayer. Fue en ese momento de relax, de intimidad, de móvil apagado, en el que comencé a pensar en cómo ha ido cambiando todo a mi alrededor. En como algunas de las ilusiones que cuando era pequeño hacía en esa misma piscina se han ido cumpliendo y como otros sueños se han quedado simplemente en eso, en esperanzas irrealizables.

Yo de joven no me diferenciaba mucho a como soy ahora, o al menos eso creo. Otra cosa es que mi verdadera forma de ser sólo sea conocida en la intimidad por aquellos que así lo desean.

Intentando flotar, dejé mi cuerpo en completo reposo mirando hacia el cielo y el silencio fue la banda sonora de algunas imágenes de mi vida con mi hermano que me llegaron casi sin quererlo.

Y entonces, comenzó el frenesí de los últimos detalles. Mi madre corriendo con el traje (estaba guapísima, como pocas veces la he visto), mi padre con la corbata, mi hermano fumando sin parar por el pasillo mientras se intentaba colocar el chaqué, y yo... bueno, yo, escuchando en mi habitación los Vulcano de Fangoria e intentando arreglarme para lucir un poco de palmito.

Llegó el fotógrafo y nos comenzó a lanzar fotos en el jardín. No me gusta posar en las fotos. Será defecto profesional, pero lo mío es estar al margen, detrás de las cámaras, no delante. Tras varios comentarios sobre la rigidez que en los cuerpos causaba la situación, conseguí que la familia se relajara y posara con naturalidad. Llegaron algunos invitados.

A las seis salimos todos hacia el lugar de la ceremonia, el pueblo de Navalcarnero. Mi cuñada es de este fantástico pueblo. Nervios, más nervios, y mucha familia y amigos a los que hacía mucho tiempo que no veía. Saludos típicos acompañados de cómo nos va la vida e inicio de la que fue la frase de la noche: ¿Y tú cuándo te casas?

Cómo preveía la situación, llevaba ya una respuesta ensayada: "Amo demasiado mi libertad como para casarme. Nunca me veréis en una vicaría y si algún día lo hago, que no creo, será en Las Vegas o algo así".

La gente muerta en pladur. Pero mira, que no pregunten. En este tipo de situaciones, uno se da cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas a tu alrededor a pesar de que no te hayas percatado. Había gente muy cambiada, niños que eran ya mayores y me sacaban una cabeza (¡qué disgusto!)... Y a me veías, el único soltero de la familia y mi novio que me llamaba desde el trabajo riéndose de las preguntas de las señoras de turno sobre mi soltería.

Lo mejor de todo fue la presentación de mis nuevos cuñados y los padres de la novia a los que no conocía. El comentario era: ¡Ah, tú eres el hermano de Antonio! Con lo que nos habla de ti...

Y yo con sonrisa profidén aguantando el tipo. Es de esas situaciones que sabes que hagas lo que hagas, te están examinando y tienes que quedar bien. Cualquier comentario a deshora, cualquier mal gesto, puede ser malinterpretado en tu presentación oficial en sociedad. Una lata.

LLegó la novia y el paseíllo hasta el altar fue muy bonito. ¡Estaba tan guapa! Ella iba elegante, lenta y totalmente rígida, tanto que luego me comentó que lo único que quería era llegar y que no se fijó en nadie, ni siquiera en mí que la lancé dos besos. Pobre.

La ceremonio muy bonita, aunque como bien sabéis soy ateo, por lo que me quedé atrás de la iglesia en previsión de escaparme a la calle en mitad de la ceremonia. Al final aguanté toda la ceremonia, pero muy en papel de paso de todo lo que dice un cura que representa una iglesia en la que no creo. De esto ya hablaré otro día, que no es plan.

Mucha emoción, lágrimas de mi madre (¡cómo no!) y al final tuve que firmar de testigo. ¡Cualquiera recordaba ante toda la familia que soy ateo y que yo no puedo firmar eso! No era el momento de reafirmar mis creencias.

El convite fue divertido. Se celebró en la Finca de La Aluqería, un sitio monísimo, de super diseño, con jardines, fuentes de volverte loca, flores de quedarte muerta de la alergia... y en pleno Alcorcón, junto a la N-V, que uno no se cree que eso pueda existir ahí en medio de un polígono industrial .Yo ya había ido y lo conocía, pero los invitados lo fliparon, la verdad.

En el cocktail hablé con muchos conocidos a los que havía tiempo que no veía. Trabajo, amistades, niños creciditos y restaurantes para comer entre los comentarios y, ¡cómo no!, "¿Cuándo te casas?". ¡Qué manía! Ni que yo fuera un personaje del corazón al que cada vez que se acerca un micro le preguntan lo mismo.

Mención aparte merece Isabel, la vecina del chalé de toda la vida. Sus hijos, Yerai y Alba, han crecido junto a mí. Cuando eran unos críos se venían todos los días a mi casa para bañarse en la piscina y al final pasábamos los tres las tardes juntos. Yo era como el hermano mayor para ellos, y así me consideraban. Me preguntaban cosas, yo les intentaba responder, les intenté interesar por la cultura, y sobre todo nos reíamos mucho jugando y corriendo por toda la parcela. Es una de las pocas cosas divertidas que recuerdo de aquellos aburridos veranos de mi infancia en que devoraba los libros y estaba siempre sólo salvo cuando ellos venían.

Ayer ejercí de nuevo de hermano mayor. Yerai acaba de hacer la selectividad y no tiene muy claro la carrera y Alba comenzará primero de bachiller. ¡Cómop ha pasado el tiempo! Les eché el clásico sermón de estudiar, aprender y, sobre todo, ser libres. Los novios aparecieron por allí, comentarios divertidos con mi cuñada que como ya he dicho es superfan de mi novio.

Quien me dejó totalmente trash-tocado (y a estas alturas de mi vida ya empieza a ser difícil), fue el médico de la familia (No Emilio Aragón, guapas). Carlos lleva toda la vida atendiéndonos y es un ser entrañable. Nos pasamos un buen rato hablando de restaurantes. Me confesó que le encanta el VIPS, el Tony Roma's... Alucinante. Le pedí un cigarrillo y me dio fuego. Menudo ejemplo.

Su gran comentarios fue cuando me dijo que era una persona totalmente emocional y de hacer lo que quiere en cada momento con su libertad. SUPERAFAVOR!! yo soy igual, lo que pasa que no me lo esperaba de él. La última fue con su novia (es viudo) en el Herón City de Las Rozas. En mitad de la noche la obligó a bajarse del coche y bailar allí mismo un vals. Yo me lo imaginaba y me pegaba un arrebato entre ¡qué bonito y qué hermoso! y ¡éste esté peor que yo!

En la cena me tocó estar con mis tios y restante familia lejana. Estaba al lado de la mesa presidencial, a la que me acerqué a asistir a mis padres. Gran momento reparto de puros con mi nuevo cuñado por las mesas. Baile, postre... hasta las tantas... La gente se lo pasó muy bien. Me tocó un poco de relaciones públicas de mi familia, poniendo el mejor de los gestos a mi reci{en estrenada familia política. Mil sensaciones me fueron inundando a lo largo de la noche. Pero sobre todo un deseo: ¡a ser felices en la vida!

Llegué a casa casi a las 4 de la mañana y allí estaban mi novio y Laura. Nos fuimos al OHM a tomar la penúltima y nos encontramos con Zapp y amigos. Lo pasamos muy bien, lo que pasa que para entonces el cansancio acumulado hizo mella en mí y estaba como muy a mi rollo, poco sociable a esas horas en las que ya estaba harto de las relaciones públicas.