lunes, mayo 10, 2004

Valemos eso, y más

Fin de semana. El sábado me levanté como una moto mientras mi novio intentaba curarse su gripe. Una de las tareas que más me gusta es ir al mercado. Lo reconozco, me encanta cocinar. Es una de mis grandes pasiones. Y además cocinar para mis amigos siempre es un placer. No hay nada más placentero que ver a la gente a la que quiero disfrutando de una buena cena.

El mercado es una mezcla de colores, fragancias y de impactos visuales de primer orden. Un puro placer. Me encanta ver como preparan el pescado fresco o cómo mi tendera de siempre me selecciona las verduras y me advierte de aquello que ese día está fresco. En fin, una faceta mía que seguro que algunos no conociáis.

El sábado fue muy relajado. Todo el día en casa guardándonos para la noche. Vino Miguel a cenar. Preparé un marmitako de salmón del que por cierto no quedó absolutamente nada. Después nos preparamos y fuimos juntos a la fiesta Porque yo lo valgo de Laura. A la 1 de la madrugada nos plantamos en su casa. Estaba ya casi llena. Entre los presentes: Binomio a los platos (pedazo de musicón que pusiste, jodío, eres el mejor), Nico, Pepe, Santi, Laura, Johann, Urban, Alex, Ramiro (¡cuánto tiempo, rrrrica!), Jordi (que vino de Barcelona), Ricardo y Jaime... en fin, creo que se me olvida gente, pero espero que me sepan disculpar. El caso es que en la casa no se cabía de tanta gente que había. Además una amiga de Laura se trajo a su gente para celebrar su cumpleaños. Aquello parecía una discoteca en plena hora punta.

En los próximos días (según me lleguen las fotos) las iré colgando en el fotolog para vergüenza de unos cuantos, incluyendo el que esto escribe. Hubo muchos momentos totalmente freak. Como cuando Nico se quitó las botas y se las escondí un poco para que las buscara (sí, fui yo, jajajaja), o Pepe que no se tenía en pie y le veías sentado, muy digno, muy mono, junto a la cabina de Binomio.

La cocina una vez más fue lo mejor de la fiesta. Una sala VIP en la que hablar y desvariar de forma relajada. Los vecinos, como siempre, geniales. Esta vez tampoco llamaron a la policía. Santi estuvo hablando con uno bien entrada la madrugada y le hizo entrar en razón. Increible amigos, al final el vecino sólo nos pidió que cerráramos una ventana. Me da un poco de palo por los vecinos, pero bueno, como dice Santi, las de arriba también las montan buenas y nadie se queja.

Cuando el sol despuntaba decidí que era hora de regresar a casa. ¡Qué bien sienta saber que vives al lado de todo y que tardas tres minutos en estar en la cama! Mi novio volvió al rato.

El domingo fue el día de estar tirados. Leer un poco el periódico, escribir reportajes de la revista, preparar el material de Chavela y ver alguna peli en casa. En fin, ya iréis viendo fotos en la parte gráfica. Como estoy ocupado tampoco puedo contar mucho más. Ya entraré en detalles cuando cuelgue las fotos.