martes, mayo 18, 2004

Sardanas madrileñas que corean a Fangoria

Lunes 17 de mayo. Los lunes son ese gran día perfecto... para no hacer nada. Me levanté descansado porque en el fondo en el fin de semana había tenido momentos para el relax. Además la noche del domingo en el Pride no se alargó mucho. El camino desde casa al Palacio de Gaviria nos dejó atónitos buscando los Velázquez que el Ayuntamiento, que es más hortera que un ataud con pegatinas, ha colocado por la Gran Vía (Nico dixit) y zonas aledañas para tapar los andamios. El resto del año a los que soportamos las obras que nos zurzan. No está mal.

Dediqué todo el día a ultimar el reportaje que aborda la crisis que tienen las salas de teatro alternativo en Madrid. El texto ha quedado muy bien. Ya sólo faltan unas fotos chulas y creativas. Asimismo dediqué una parte del día a preparar el otro reportaje del enterramiento de la M-30. Ese megaproyecto que amenaza con ponerse en marcha este verano, amigos. Los que vayáis al concierto de Fangoria en La Riviera disfrutar de las imágenes actuales que desde allí podéis observar porque desde verano todo cambiará.

Hablando de Fangoria, he decidido colgar la entrevista que les realicé. Así que ahora más abajo la podréis leer. Por la tarde llegué a casa esquivando los controles policiales que nos han puesto en todas las carreteras para que los que trabajamos por los polígonos cercanos a Madrid nos jodamos un poquito más. Pero como soy un experto conocedor de las carreteras madrileñas no me tragué ni uno y llegué a casa hasta antes de lo habitual. Increible, amigos.

A las 19,30 quedamos mi novio y yo con Patricia que me dio unos libros en catalán que nos han tocado como premio de consolación de un trabajo que realizamos en catalán. Muy bonitos, sobre todo un disco: “50 años de sardanas en Madrid”. Tiene que ser apasionante de verdad descubrir de este modo el siempre interesante mundo de la sardana, ese folklore tan desconocido para el pueblo español. Estuvimos charlando un buen rato hasta la hora de la cena. Patricia es un encanto de mujer. Lo que pasa es que últimamente no ha tenido mucha suerte en el amor. Confiemos en que pronto encuentre la persona que merece.

Por la noche estuvimos viendo en la tele “Rencor” la penúltima peli de Albaladejo. Me gustó bastante, aunque no es un peliculón, la verdad. Lolita está genial. Y luego hice zapping entre un concierto de Diana Krall y las noticias de Telemadrid (gran idea lo de poner un informativo a las doce).

En fin, os cuelgo la entrevista de Fangoria, que sé que algunos me la habéis pedido, y de hecho ya hice algún envío por mail.


Viaje al planeta Fangoria

Como dos superhéroes que han derrotado a las críticas de quienes no creyeron en ellos. Así aparecen en la portada de su último disco Alaska+Nacho Canut=Fangoria. Arquitectura efímera retuerce doce letras de temas que escapan en una nave espacial abandonada de la simpleza pop y las melodías repetitivas.


Catorce años después de que editaran su primer disco bajo el nombre de Fangoria, Alaska y Nacho Canut editan su último trabajo, Arquitectura efímera. Un disco que surge de un viaje a Chicago y de las preocupaciones estéticas presentes en la carrera de un grupo que ha pasado de vender cien ejemplares de su primer trabajo, Salto Mortal, o editar sus canciones en cassettes para los miembros de su club de fans, a repetir el éxito de masas cosechado en la etapa de Pegamoides o Dinarama. Hoy aquellos que acusaron a Alaska de “hablar en vez de cantar” envainan sus críticas a un grupo que ha sabido reinventarse y hacer música actual sin la simpleza de aquellos artistas condenados a repetir la misma música en todos sus discos.

El nombre de vuestro disco juega un poco con la componente espacio-tiempo que habéis tenido siempre muy presente en vuestra discografía, ¿por qué?
Nacho Canut: No lo sabemos. Es algo que hacemos sin darnos cuenta aunque es verdad que desde la época de Pegamoides lo hemos tenido presente. Ya hablábamos de la vejez y de la muerte y eso que en aquella época debería haber sido algo que no nos hubiera importado. Siempre hemos hablado de esas cosas.
Olvido Gara: Pero no somos conscientes de ello.
Hacéis muchas referencias a Dios y a la Iglesia en vuestras letras. Haciendo amigos...
O. G.: ¡Es verdad y siempre es un reproche!
N. C.: Sí, sí, un reproche. Y mira que intento no utilizar la palabra Dios...
O. G.: De hecho cuando leo las letras para introducir cambios siempre las cojo y digo “¡Nacho, dos veces sale Dios!”
N. C.: Ya, pero tiene que salir. En cambio al diablo no le sacamos tanto.
¿El arte es efímero como vuestra arquitectura?
O. G: Todo lo que hace el hombre es efímero.
N. C.: Piezas que hoy son consideradas arte de repente dentro de un año dejan de serlo y se consideran una horterada.
En vuestro disco habéis vuelto a contar con la colaboración de L. Prosper, Carlos Jean, Mauro Canut, Pablo Sycet e incluso de Ajo, de la que habéis rescatado la letra del single, Retorciendo palabras, ¿sois la punta de lanza de una factoría de arte?
O. G: Lo que intentamos es no cerrarnos a hacerlo todo nosotros, porque sería muy limitante. Y si encima colaborando con tanta gente lo de Dios está siempre presente, ¡cómo sería estando sólo dos! No saldríamos de lo mismo todo el rato. Por otro lado luego esta gente hace cosas por su lado y no tiene nada que ver con lo que hacemos nosotros.
N. C.: Por ejemplo, Carlos Jean produce a OBK que no pega con Fangoria. Mi hermano Mauro tiene un grupo de punk. Intentamos trabajar con gente que tiene mucho talento y que encima son amigos.
Dónde otras cantantes dicen “eres un falso” vosotros decís “eres como el interior de una nave espacial abandonada”. ¿Huir de lo evidente, de lo simple, es una actitud ante la vida?
N. C.: Sí, claro. Es como cuando te pintan una cosa realista y una abstracta. No es que seamos abstractos, pero es que hay un millón de maneras de decir “eres un falso”, la gracia estar en decirlo en alguna de ellas. Es como hablar de amor y decir veinte mil veces “te quiero”. Lo interesante es decirlo de otra manera.
O. G: Hay que hacerlo por la vía retorcida...
N. C.: Aunque la verdad es que lo que más vende es la vía simple.
Hace unos meses Nacho comentaba que dudaba de la sonoridad del disco y que querías buscar nuevos horizontes musicales, y Olvido ha confesado que quería un disco más bakala y techno, ¿cómo habéis logrado casar eso en el disco?
N. C.: ¡Dejándolo fuera! Al final es Carlos Jean, el productor, quien decide un poco los arreglos. Porque el tema lo llevo metido en la cabeza y él me escucha pero al final hace lo que quiere salvo que nos pongamos firmes y le digamos “¡qué queremos hacer esto!”
O. G: No sé que me das fue un poco así: “¡quiero que sea más bakalao, Carlos!”. Retorciendo palabras que se podría hacer también así pues no queríamos que sonara igual de bakala, porque ya lo hemos hecho en No sé qué me das.
Confesáis tener miedo a parecer demasiado finos...
N. C.: Es que no queremos que lo que hagamos sea considerado de calidad, como Najwa Nimri o Presuntos Implicados, porque eso para nosotros es la muerte del grupo.
O. G: Es un prejuicio tonto que al final nos condiciona. Es el factor que hace que metamos ese humor tan ácido y tan negro en las letras, en las fotos. Cuando algo vemos que va a parecer demasiado serio, cambiamos de rumbo.
N. C.: Por ejemplo, los Pet Shop Boys te hacen unas baladas impresionantes y de repente crean Go West con unas escaleras llenas de chulazos y se desdramatiza la letra. Podemos ser así como muy filosóficos pero también poner una escalera con los chulos en malla. No nos queremos convertir, tampoco podríamos nunca, ni en Presuntos Implicados, ni en Miguel Bosé, que es todo baladas, calidad, música clásica y de cine... Nosotros somos más como Los Ramones o Boney-M. Prefiero eso antes que convertirme en un grupo como Chic, y eso que me encantaba.
O. G: Además esa era una discusión que teníamos con Carlos Berlanga, que también quería que fuéramos más Chic.
A pesar de que detrás de Fangoria hay muchos años de trabajo, el éxito de masas os llegó hace dos años con Naturaleza Muerta y vais por el mismo camino con Arquitectura Efímera, ¿de qué depende eso?
O. G: Dinero para promocionar una canción. El caso de No sé qué me das que era el single de Naturaleza Muerta es el típico ejemplo de cómo una canción mínimamente pegadiza machacada cientos de veces convierte en éxito un disco.
N. C.: Es curioso porque después de Dinarama dijimos que estábamos hartos del éxito masivo, que era algo de desequilibrados... cortamos por lo sano para hacer algo interesante. Ahora hemos logrado hacer algo interesante y el éxito masivo. Cuando estábamos en Dinarama y los comienzos de Fangoria todos nuestros contemporáneos se dedicaban a hacer giras y forrarse sacando discos repetición de los que habían hecho antes.
N. C.: Y eso no significa que nosotros no sigamos haciendo canciones como “En la disneylandia del amor” que metimos en los Vulcano, pero como esa canción no se machacó cientos de veces, de repente hacemos canciones similares a aquella y la gente nos dice que hemos vuelto a hacer temas que gustan a todos.
O. G: Siempre pongo el ejemplo de que al 90 por ciento de la gente que escucha La oreja de Van Gogh le puede gustar por ejemplo La buena vida, que son de la misma ciudad, pero como a estos no se les conoce tanto... En cuanto una parte de esa gente oiga a La buena vida, pues venderán más discos.
N. C.: El problema es que los medios ponen a los cuatro de siempre. Y hay grupos muy interesantes y que podrían ser muy comerciales que no los conoce nadie porque no les dejan sonar. Por ejemplo Chico y Chica son ultracomerciales o Ellos, cuyo cantante es mucho más guapo que Bustamante, pero como a Ellos les conocemos unos pocos...
Y en algún momento cuando sacabais los Vulcano en casettes para los fans de vuestro club o veíais que Salto Mortal pasaba sin pena ni gloria, ¿pensabais que el público volvería a estar con vosotros?
N. C.: Es que nadie creía en nosotros, ni mi propia familia que decía que me había vuelto loco. Los medios decían que estábamos acabados, que nunca más, que el talento lo tenía Carlos Berlanga...
O. G: Y al mismo tiempo el propio Carlos Berlanga no vendía discos, nadie le publicaba...
N. C.: Yo sí estaba seguro de lo que hacía allá por el año 90 y que lo de cantar canciones en inglés cuatro personas era algo ridículo que no podía durar, y efectivamente.
O. G: Y la verdad es que nunca hemos estado tan acompañados como ahora.
En Arquitectura Efímera hacéis un guiño al mundo de los fanzines...
N. C.: Además es que nosotros mismos los hemos hecho para los socios del club Fan Fatal. Y hemos sido protagonistas incluso de un cómic junto con Aviador Dro.
Parecéis X-Men en la portada del disco, ¿os habéis sentido a gusto como héroes?
O. G: Ser un superhéroe siempre es fantástico.
Veinte años después de vuestras críticas a los grupos prefabricados, hoy poner la radio es sólo escuchar esta clase de grupos, ¿es un mal endémico?
O. G: El problema es que no aceptamos a los grupos que son prefabricados y luego van con ínfulas y no tienen sentido del humor. Ése era el problema que teníamos en los ochenta.
N. C.: Ahora hay muchísimos pero a mí hay cosas de Britney Spears que me gustan, Kylie Minogue me gusta, Cristina Aguilera no me gusta, lo que pasa es que una cosa es que te guste y otra es que te interese todo lo que hace. De Britney solo te puede interesar el single y el vídeo del último disco...
O. G: Además es que a mí me dicen que mañana desayuno con Britney y me da absolutamente igual. Seguramente ni iría.
N. C.: Luego hay que diferenciar entre Britney y Björk, que a mí no me gusta, pero reconozco que tiene una estética y un estilo propios y es una artista toda ella. Lo que pasa es que ahora no hay detrás de los grupos lo que había de cultura detrás de grupos como Suede u Oasis. Aquí llamamos pop a La Oreja de Van Gogh con una chica que canta, muy mona, pero no luego no ahí nada más, y su música es toda igual.
En cada disco hacéis una versión. Para este disco habéis elegido a Los Ramones, ¿es una forma de saldar una vieja deuda con ellos por no haber sido los teloneros en su gira de 1980?
O. G: (risas) No, eso no es una deuda.
N. C.: Fue culpa de la discográfica que prefirió a Nacha Pop, ¡qué ya ves tú lo que pegan con Los Ramones! Típico de casa de discos que no tiene ni idea. Nosotros tocábamos hasta tres versiones de Los Ramones, íbamos todos con chaqueta de cuero y hasta hacíamos como ellos, que se apellidaban todos Ramone. Yo era Nacho Pegamoide, Carlos Pegamoide... ¡y de repente ponen a Nacha Pop!
O. G: La deuda es más bien porque si no fuera por Los Ramones hoy no estaríamos aquí. No se nos hubiera ocurrido montar un grupo ni nada. Seguramente ni nos hubiéramos conocido porque no teníamos nada que contarnos.
En Una temporada en el infierno incluís una frase de Rimbaud: “Hay que ser absolutamente modernos”, ¿cómo lo lográis?
N. C.: (risas) No lográndolo. Lo que menos nos interesa en la vida es ser modernos. La gente que quiere ser moderna es lo peor. Es un actor sobreactuado. Tienes que hacer lo que a ti te guste.
O. G: Pero eso visto desde dentro es así, pero desde fuera hay momentos en que se te abraza como moderno o como antigua sin saber por qué. Ahora lo que puede ser moderno no es lo mismo que en 1994 que era cantar en inglés, cosa que nosotros rechazamos en aquel momento.
Alaska, tu presencia ha marcado el devenir de varias generaciones con tu imagen y estilo propios. Hace poco sacabas un libro titulado Transgresoras en el que hablabas de mujeres rompedoras en la Historia. ¿Crees que dentro de poco alguien sacará un libro similar que te incluya a ti?
O. G: (risas) A lo mejor. Llega un momento en el que la vida ha evolucionado tanto que tú eres ya parte de esa historia. Como estudiante de Historia, lo intento ver con mentalidad de historiadora y lo entiendo. Cuando estudias una época hay determinados personajes que están en esa época pero cuando tú lo vives no te das cuenta porque has vivido tu vida y punto. Por ejemplo para mí Leonard Nimoy ha sido fundamental con su personaje de Mr. Spock, aunque él nunca sea consciente de ello ni sepa que existo.
Os habéis convertido en abogados defensores de personajes como Marlene Mourreau, Malena Gracia o Carmen de Mairena...
N. C.: La gente tiene muy poco en lo que pensar. Es mejor atacar a Bush o a Bin Laden que a esta gente. No hay sentido del humor y se pierde el tiempo atacando a esta gente. Y quienes lo hacen están poniéndose al nivel que achacan a estos personajes. Seguramente Carmen de Mairena tiene más sentido del humor que ellos.
O. G: Además es que no le vemos nada atacable y de hecho Carmen de Mairena cantará con nosotros en el concierto de Barcelona.
Además promocionáis actos culturales tan variopintos como el Plan Travesti...
O. G: (risas) Sí, esas son las cosas de nuestros amigos. Es una cita a la que nunca faltamos. Actúan algunas de las más importantes del país y han pinchado tanto Nacho como Mario [VaquerizO]. Somos amigos de La Prohibida, Arakis y Roberta Marrero, que son quienes lo llevan y nos lo pasamos genial.