sábado, mayo 22, 2004

La Boda de la Z desde el piso 18 de la Torre de Madrid

Muy Noble e Histórico Sábado 22 de mayo. Queridos amigos: ¡¡QUÉ BIEN QUE ME LO HE PASADO!!

Una de los aspectos positivos de ser periodista es levantarte por la mañana y no saber muy bien qué te sucederá ese día. En mi etapa en un gran periódico de tirada nacional ese frenesí lo experimenté y ahora en la revista también. Como bien sabéis, a mi la boda de la Z me parecía de lo peor. Pero si te diviertes y te lo pasas bien, pues mira...al menos trabajas con gusto.

Resumen de lo acontecido: Una boda fría, insulsa, apática, aburrida, antigua, en la que había más policías que gente en la calle.

Voy a intentar hacer una crónica lo más breve posible de todo lo que me ha sucedido, que ha sido mucho.

A las nueve de la mañana quedé con mi fotógrafo en Tribunal. Para las fotos pedí a Víctor F. que es, en mi opinión, el mejor fotógrafo de mi revista. Es un lujazo tenerle al lado. Además hemos alcanzado en poco tiempo un extraordinario grado de compenetración profesional. Tenemos muy claro lo que queremos.

Nos dirigimos por Hortaleza hasta el primer control policial y luego pasamos el segundo. Nuestra misión era clara: necesitábamos gente curiosa para el reportaje. ¡¡Y vaya que si conseguimos!!

A esas horas en la Gran Vía había muy poca gente, la verdad. Decidimos partir hacia abajo mientras que María me llamaba desesperada desde Cibeles para decirme que no había nadie y que estaba en un VIPS desayunando. (Nota: María se enteró el jueves que le tocaba la boda y encima se creyó que el marrón partió de mí. Nada que ver)

Ella se encargaría del trayecto Cibeles-Atocha y yo Gran Vía-Plaza de Oriente. Comencé a bajar la Gran Vía con Víctor. Primera parada: Una voluntaria entregando abanicos (!) que con el día que hizo nos vinieron al pelo... para no mojarnos. Y es que la boda de los abánicos y las gafas de sol se convirtió en la de los chubasqueros y paraguas.

El abánico me gustó tanto con esos tonos plateados que no pude resistir la tentación de inmortalizar ese momento en plan Locomia ante la atenta mirada de un Policía que no daba crédito. Me encontré con tres señoras de Alcázar de San Juan con una bandera de Asturias que llevaban bajo el abrigo mogollón de paraguas "para todas las amigas del pueblo, porque si no, nos matan". Las señoras llevaban desde las cinco de la mañana (¡qué valor!) y claro, les regalé el abanico. Tampoco me iba a hacer mucha falta. Las tres no paraban de jalear y gritar y me anunciaron que en el pueblo todas las mujeres habían decidido al día siguiente montar fiesta post-boda.

Después nos encontramos con dos de Almería que iban vestidas como Liza Minelli en Cabaret pero con colores fosforitos. Una cosa tremenda y muy rococó con flores de papel y fucsias. Y ellas iban muy contentas por la Gran Vía "qué está preciosa y muy gay. Chueca estará encantada":
-¿Pero la Z va a ser reina o reinona?
-Será una mujer de su tiempo, del siglo XXI. Estaría muy bien que fuera una reinona.

Caminando nos encontramos con más gente y con un equipo de la televisión belga que cambiaron su rol para ser entrevistados por servidor. La periodista belga superreivindicativa:
-La boda es algo divertida por la gente aunque hay muchos escandalizados. Con todos los policías que hay hoy aquí podrían proteger durante años a las mujeres maltratadas.

Me cayó genial esta chica altísima y rubísima. Me dijo que allí en Bélgica la expectación tampoco era para tanto. En ese momento pasó una chica a la que la policía le había arrancado una pequeña banderita republicana que llevaba en un hombro e iba llorando la pobre. ¿Pero en este país no había libertad de expresión?

El caso es que lo de la bandera republicana ha estado superperseguido y de hecho a unos chicos sacarles una foto con ella nos costó poder retratarles (por supuesto fuera del recorrido, no les dejaron pasar). Por cierto, para intimidarles les estaban tomando los datos. Vergonzoso. Menos mal que Agatha ya se encargó con su traje (rojo, amarillo y corazón morado) de reivindicar en la ceremonia la libertad de expresión.

A las 10,30 estábamos en la plaza de España intentando llegar al Palacio. En ese momento tuve uno de esos arrebatos trash que tan flipado dejan a mi fotógrafo. Se me metió en la cabeza que alguien de la Torre de Madrid se dejara fotografiar desde alguna terraza en la que se viera el Palacio. Con todo el morro del mundo nos plantamos en la conserjería y los que estaban allí (encantadores, por cierto) comenzaron a gestionar el asunto:
-Qué si B. B. no puede porque no está muy bien últimamente, que si P. C. no estará levantada , que si C. C. llega de día y con algún ligue.

¡¡Qué cantidad de gente famosa que vive allí!! El caso es que en ese momento llegaron dos chicos y nos ofrecieron encantados su terraza en el piso del 18. Flipante.

Y ahí y me planté y en tu terraza me colé, coca cola para todos y algo de comer...

Raúl y Ruben (que trabaja en una tele) nos ofrecieron encantados su terraza, posaron, nos invitaron a picar algo y comenzamos a rajar a base de bien de la Z y el bodorrio. En ese momento se puso a diluviar. Así que nos ofrecieron quedarnos en su casa y vimos la llegada de los invitados con los prismáticos. Su terraza pega justo al Palacio. Aquello era divino. Los francotiradores nos miraban flipando, los pobres, caladitos de agua.

Total, que nos pusimos a ver la boda y a criticar. Grandes comentarios de la ceremonia:
-Mira, hay uno que se ha quedado dormido
-La pata de Froilá a su prima (justo cuando otro niño iba a pegar otra cortaron el plano)
-Telecinco es la única que muestra cómo se baja la Z mientras llueve
-El Mari Chalá ni se mira con la Helen
-¡Hala a repartir las ostias!
-La madre de la Z parece una tortuga ninja
-Qué pesao el Rouco
-Los subtítulos de TVE para sordos eran geniales: Los pusimos por curiosidad. A veces sólo aparecía la palabra Dios. Hubo un gran momento: aparece en pantalla la palabra virgen y enfocan a la Helen en ese momento. Los subtítulos de lo peor.
-Que si al Alberto le veremos esta noche en Chueca
-Que si que deslucida que queda la Catedral, y qué poco enfocan los dichosos fresco del Argüello
-Que si la Z no le pega ni un beso, que si es de lo peor...

En fin, no paramos de criticar y sobre todo de reirnos muchísimo. Y es que una boda vista así, es de lo más divertido. La verdad es que hubo momentos antológicos. Como teníamos que seguir trabajando, tras oir desde la terraza las campanas de la Almudena nos bajamos "arreglás pero informal" los cuatro a entrevistar a gente. Raúl y Rubén un verdadero encanto de personas: ¡un beso si leéis esto!

El caso es que pillamos a unas chicas de Alcorcón, el pueblo de la Terremoto, que habían dejado a los maridos en casa y se venían disfrazadas de boda. Las pobres estaban calás hasta los huesos, pero resistían las jodías. Me hice también una foto.

Y luego pasó la Z en el Rolls que fue un día del Generalísimo y la hicimos fotos y nos fuimos a la Gran Vía otra vez. Momento merchandising-a ver quién es más listo: periscopios para ver la boda a 10 euros, banderita y pegatina conmemorativa 1,5, chubasqueros a 5. Y la gente lo compraba. De lo peor.

Tras entrevistar a más gente, me colé en la fiesta que se organizó en el Chicote. Me encontré allí con Roger y Pepe Patatín. Empezamos a tomar cañas y vimos a la Z de regreso. Total, que le hicimos también una foto a la gente allí. El Dj se puso un velo tremendo y otros cuatro se lo cogieron. Quedó total la foto, pero total. Me lié a tomar cañas y a bailar música poppie ochentera: Marta Sanchez, Bananarama... Y me lo pasé genial. Mi jefe flipaba conmigo ya en este momento del día: el pobre no daba crédito. Me cuelo en la Torre de Madrid y acabo en una fiesta en plena Gran Vía. Nuestra última conversación ya fue surrealista. Estar en el Chicote era total porque en la entrada había dos policías y eran como los guardaespaldas de la fiesta.

Una vez terminado todo comenzaron a desfilar los 23.600 policías por la Gran Vía y ahí que te veías a todas las maricas gritándoles de todo. ¡Cuánta necesidad hay en el mundo!

Acabé de cañas por Malasaña con María que llegó calada hasta los huesos porque el chaparrón le pilló en plena Cibeles. En fin, que me lo pasé teta. A lo largo de estos días colocaré fotos. Disculpar la extensión, pero no he contado todo e intentado ser muy breve.

Pues eso... me voy a Chueca que hoy habrá mucha realeza de visita. A ver si otro miembro del gremio periodístico (es decir, un servidor) consigue ser princesa por sorpresa como otras.