martes, mayo 25, 2004

De comidas y otros menesteres propios de mi especie

Lunes 24 de mayo. El domingo estuve trabajando por la mañana en un reportaje que tiene al Retiro como protagonista. Me pasé la mañana con un fotógrafo por allí. A las tres de la tarde llegué corriendo hasta el Areia para comer con mi novio y Johann.

El Areia tiene un brunch los domingos que en realidad no es brunch puramente dicho. El caso es que este domingo no acabo mucho de convencernos la comida. Los Huevos Benedict que pedimos Johann y un servidor de segundo no nos convencieron del todo. En fin, como dice Johann, seguramente se deba al recalentamiento de los platos. No sé si volveremos, al menos en un temporada.

Luego fuimos a tomar café con otros amigos, pero yo aguanté sólo un rato. Me fui a practicar la Spanish Joga a mi sofá. No hay nada como una buena siesta dominical, sobre todo si has trabajado todo el fin de semana.

Por la noche fui con mi novio a ver "Héctor", peli de la que me habían hablado muy bien diferentes amigos y compañeros de la revista. Y sí, está muy bien, es de lo mejor que he visto en los últimos tiempos del cine español, pero a la peli le falta algo de ritmo y una banda sonora que tape los enormes silencios que hay en la peli y que llegan a ser desesperantes (entiendo que está hecho así buscando ese efecto, pero a veces es desesperante).

Por lo demás, la peli está muy bien. Fantástica como siempre Adriana Ozores, la mejor actriz española del momento. El reparto es más que aceptable. Y todos están en general muy bien, mención aparte para Nilo Mur "Héctor", sobresaliente en su papel.

En fin, hiperrealismo de los barrios madrileños. Me hizo mucha gracia que la peli estara rodada en Aluche, y un portal muy cercano a donde viven mis tíos. Era todo como muy cercano.

El lunes ha sido horrible. Hemos tenido un cierre muy complicado. Hasta las ocho y media de la tarde no hemos salido, sin haber siquiera comido. A las siete de la tarde estaba con el maquetador desesperado ya por terminar. Pero ha quedado muy bien la revista. El problema es que hoy tenemos otro cierre de edición con más páginas. Horrible. No lo quiero pensar.

Por la noche, cena en un chino que es de nuestro preferidos en Madrid. Es un chino para chinos, es decir, nada que ver con lo cutre que hay por ahí y que sólo sirven un arroz tres delicias malísimo y un rollito insípido. Aquí degustamos platos de cuyo nombre no me acuerdo pero que estaba todo riquísimo. Se vinieron Johann, Laura y Santi, mi novio y María que venía desesperada de la redacción.

Nuestro hambre era tal por el día que habíamos tenido que nos compramos unas palomitas en una gasolinera de los polígonos madrileños y por más que criticábamos lo malas y rancias que estaban, pues no parábamos de comerlas. ¡¡Lo que hace el hambre!! No quedó ni una. ¡Qué triste!