jueves, abril 29, 2004

Sinfonía para un vestuario públic...¡oh!


Jueves 29 de abril. Lo que tiene el ser un periodis trash-tocado es que tan pronto me ves haciendo una entrevista a un artistazo de lo más fino como el Bosé como me entra la vena macarra y me pego por conseguir una entrevista con Los Acusicas. Este grupo es posiblemente de lo mejor que el rock patrio nos ha dado en los últimos años. Escuchar su disco "Ha sido éste" es tan vomitivo que hasta produce un regustillo en las paredes del estómago. Totalmente aconsejable su escucha bajo los efectos de una importante ingesta de alcohol.

Otra cualidad de ser tan trash-tocado es que de repente me entra la neura clásica "Quiero ser tan fina como Nati Abascal y salir todos los días en Corazón Corazón" y me voy a un concierto de música clásica. Pero como uno es un poco desaliñado, esta mañana me he llevado en una bolsa en el coche un modelo formal que arregle mi look "niñato casual del H&M" con el que deleito en mi puesto laboral.

Total, que aparcado a pocos metros del Auditorio Nacional y en plena calle (la economía no está para parkings), he sacado la ropa de la bolsa, me he quitado lo que llevaba puesto y con mucha discreción pero la misma seguridad apabullante que Aida, me he cambiado de ropa dentro del coche ante la atenta mirada de una señora mayor a la que casi le da el patatus (debe ser que ya no se acuerda de lo que es un torso desnudo) y el dependiente de una tienda de muebles (éste miraba mucho, no sé, no sé).

Como diría Martirio, arreglada pero informal (las adidas blancas son demasiado totales y caras como para quitármelas) me planté en el Auditorio Nacional por la tarde donde mi novio me esperaba. Entramos al concierto y lo primero que hice fue ir al baño a retocarme, no vaya a ser que después de dar el espectáculo en plena Prospe vaya desaliñado. El baño todo diseño y mármol como para aburrir.

Escuchamos a la Orquesta Sinfónica de Madrid con una sinfonía que nunca había escuchado, la Turilanga, de Messianne. Como tocaba un amigo, Miguel, después le esperamos a la salida y fuimos parloteando en el coche hasta que mi novio se fue a una cena con amigotes, donde sigue a estas intempestivas horas de la noche.

En fin, una tarde de pija del barrio de Salamanca para olvidar un día de trabajo de mucho estrés. No puedo con tanto reportaje variopinto. Ahora estoy detrás de un par de escritores de lo más diferente. Ya os contaré. Mi vida es un drama, una canción de Dinarama (Lemon^Fly dixit).