martes, abril 20, 2004

Comida familiar y fiesta en casa

Domingo 18 de abril. Bienvenidos al diario de este periodista que intenta ser feliz y hacer felices a quienes les rodea. La verdad es que llevaba tiempo deseando tener un diario en el que almacenar todas esas cosas que nos pasan cada día y que luego, no sé muy bien si por causa de la incipiente senilidad que la mala vida me está causando, se me quedan perdidas en los cajones del cerebro.

La verdad es que llevaba tiempo leyendo algunos diarios en internet y se me ocurrió poner también el mío al objeto de que todos aquellos que me conocéis (o bichos raros interesados en mi vida, que ya hay que tener narices) sepáis un poco lo que hago cada día y lo que pienso sobre algunos asuntos.

Es curioso observar que muchos amigos a los que creemos conocer a fondo, aunque sólo sea por el tiempo que hemos pasado juntos, nos damos cuenta que piensan o actúan de forma diferente a cómo creíamos. No es de extrañar. A veces creo que los mayores desconocidos son nuestros propios amigos o familia.

Bueno, el caso es que tampoco os quiero desquiciar con estos pensamientos absurdos. El caso es que como algunos amigos os habéis quejado de que ultimamente ni os escribo ni ná, pues aquí tenéis este diario para aquellos masocas que lo queráis saber todo, todo, de mi vida. Que, repito, hace falta valor.

Espero que entre todos me aportéis material y fotos que pueda incluir en este diario.

El domingo 18 de abril me levanté pronto porque había quedado a comer con mis padres, mi hermano y mi futura cuñada dentro de dos meses en la casa de la sierra. Me levanté a las 11,30 dormido porque no se me ocurrió otra genial idea la noche anterior que ponerme a ver una película en La 2 de Al Pacino.

Pero es que Al me puede, es superior a mis fuerzas. Creo que es uno de los mejores actores del cine, al menos de los pocos buenos que nos quedan. El caso es que el sábado por la noche quedamos todos en el Demodé, un local que últimamente, la verdad, se está convirtiendo en un nuestro punto de encuentro. Es un sitio que lo tiene todo. Es pequeño, está en una zona medianamente apartada de todo el tumulto pero en el centro, los camareros (Junior sobre todo) y el portero (Paco) son encantadores. Y qué decir de Cuca, nuestra madame del ropero, una de las personas más divertidas de la noche madrileña. Sólo por conocerla a ella merece la pena ir al local.

El caso es que un hubo un momento en el que el local era practicamente nuestro. Terry había convocado a mogollón de gente y miraras donde miraras sólo había invitados del cumpleaños. Luego llegaron clientes habituales y, como ya más o menos nos conocemos todos, pues la verdad es que ir llegando la gente y saludando.

A eso de las tres yo tenía el cuerpo para el arrastre y la verdad es que pensando que al día siguiente tenía que ir a comer, pues decidí volver a casa. Mi novio se quedó en representación mía allí. Al entrar en casa pensé en tomarme una copa tranquilamente antes de dormir y encendí la tele. Craso error, querida amiga. Justo acababa de empezar en La 2 la película de Al Pacino, cuyo título aún ni sé.

Al, que está fantástico haga lo que haga, se marcaba un papel muy dramático. Se llamaba Carlito Brigante y era un narco portorriqueño de Nueva York que acaba de librarse de una condena de la leche gracias a un abogado de la mafia que se pasa la película echándose rayas de coca. El que lo interpretaba era Sean Penn, que tenía unos pelos rizados pelirrojos en plan judio posthippie de los setenta de la más freak, la verdad.

El caso es que Al es víctima de su destino trágico, y el pobre por más que intenta huir de los jaleos e irse con su chica a las Bahamas, acaba metido en todos los fregados. Al tiene una discoteca en Nueva York de lo más divertida. Es como el cool, el mismo rollo metálico, pero sin esas angosturas del Cool tan incómodas. Porque si hay un local en Madrid incómodo es el cool.

Pero bueno, que hoy no toca hablar de eso. El caso es que durante toda la película suenan canciones de los setenta. Hacía tiempo que no escuchaba una selección tan completa de disco fashion de los setenta, me hizo mucha gracia la verdad. Estaban todos los temas... Al final el pobre Al no logra escapar y muere traicionado por todos. ¡Qué papelón se marca el jodío! Y encima como era en versión original, pude escuchar su vozarrón natural.

Yo creo que si volviera a nacer me enamoraría de un hombre como Al. Siempre me han llamado la atención los tíos que son víctimas de un pasado atormentador y que parece que te van a meter en problemas. Así me ha ido en algunos casos, claro. Menos mal que mi novio no es de esos ;)

La putada de que una película te enganche a las tres de la mañana es que hasta las cinco no te acuestas. Y al día siguiente me levanté no sé ni cómo. Además mi novio llegó a eso de las nueve de la mañana y me despertó, para variar.

Como no tenía mucho tiempo, desayuné y me fui a comprar unos pasteles para el postre de la comida a mi pastelería favorita, La Tahona de San Onofre. Barato no cobra, pero los dulces y el pan que tienen en este sitio son de lo mejor que nunca he probado en mi vida. Me fui a por el coche y a la 1.30 ya estaba en la sierra, en el chalé.

La verdad es que hacía tiempo que no iba al chalé y la verdad es que al llegar al pueblo me dió un rollo nostalgia tremendo. Pasé por varios sitios que habían cambiado mucho. Que si una rotonda por aquí, que si varios edificios por allá, que si esta nueva tienda al lado de la casa... el caso es que parecía otro pueblo. Y me di cuenta de lo mayor que me estaba haciendo. Lo peor de todo fue cuando me enteré en la comida que mi vecino Yerai tiene ¡17 años!

¡Cómo puede tener ya 17 años un niño al que vi nacer y que jugó conmigo toda su infancia verano a verano! Me entró una crisis muy muy mala en la comida. Y no es que yo sea muy viejo, porque la semana pasada cumplí 25 años pero la verdad, jode mucho escuchar esas cosas. El caso es que para soliviantar un poco las penas me tomé una copa de whisky que había por allí. Y sí, las penas se pasaron, la verdad. No hay nada como alcoholizarse para ver las vida de otra manera.

La comida fue agradable, sobre todo la conversación giró en torno a los preparativos de la boda de mi hermano. Mi madre tuvo la feliz idea el día antes de irse de compras y se gastó un pastón en Goya. Entraron a varias tiendas pero al final se decidió por un bolso y unos zapatos a medida en Tiffany´s.

Me pareció muy divertido que lo comprara en esta tienda, yo ya me imaginaba a mi madre en plan Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes y me hizo mucha gracia. Además, el bolso era parecido a uno de la película. No pensé que nunca pudiera llegar a comprar a mi madre con Audrey. ¡Sorprendente!

A media tarde regresé a mi casa de Madrid y mi novio estaba ultimando los detalles de la fiesta que a las siete de la tarde dimos para algunos amigos que no pudieron estar en mi cumpleaños porque, como sucede cada dos años, cayó en Semana Santa y, claro, en Madrid en esas fechas no quedamos más que yo, que celebro el cumple, y cuatro desquiciados más que, eso sí, disfrutamos de una ciudad en la que se puede pasear y salir de compras sin que te atosiguen.

Vinieron, Raquel, Patricia, Juan y el chico que conoció la noche anterior, Jose, y que me cayó muy bien la verdad y Johann, el alma de las fiestas caseras. La reunión, para no variar, fue de lo más variopinta. Nuestras conversaciones incluyeron política, personajes cutres de lo peor como Aida, rollo místico con experiencias personales más allá de la realidad, música y nuevas tendencias y en general mucho humor. No paramos de reir.

Uno de los mejores momentos fue cuando Raquel sin ton ni son le dijo a mi novio: "Hoy me he acordado mucho de ti. ¡Claro estaba fumada!". Aún hoy me estoy riendo. Ha sido una de las mejores frases de los últimos tiempos. Y es que Raquel es tremenda. Sus puntos son de lo más divertido. Además estaba un poco desanimada y creo que la conseguimos animar.

Y el otro gran momento de la noche del domingo fue cuando Johann fue al baño y ¿se resbaló? y nos echó al suelo el armarito blanco en el que guardamos practicamente de todo: los botes de tónico para las espinillas, las cremas de Gucci, el peine, el desodorante, las medicinas, las sales de baño... La estampa fue genial porque te veías a Johann muerto de la risa gritando "Yuuhuuu" en medio de botes de Gucci, sales naranjas de baño esparcidas por el suelo y frascos de desodorante, cepillos de dientes, oraldine y algodones. Muertos de la risa intentamos recogerlo y la verdad es que nos costó porque las carcajadas nos podían.

A las 23,30 la fiesta concluyó y yo con la mandíbula desencajada decidí que era hora de irme a la cama. Por una vez mi novio y yo decidimos ir a la cama a la misma vez. ¡Qué raro!